De Urbano, Rouco y Valls

En mi última entrega sugerí la hipótesis de que la Transición española fue pilotada desde fuera por las potencias europeas y USA, o sea, la OTAN y la CIA para que las fuertes inversiones capitalistas no se viesen amenazadas por desmanes comunistas, ni siquiera socialistas. Pilar Urbano apunta a una repetición del golpe de estado que dio Francia para colocar a De Gaulle y también señala que el 23 F los niños norteamericanos de Torrejón no fueron a la escuela, Calinte, caliente. En todo caso, repito, lo importante es que, fuera como fuera, la Transición saliera bien, y salió.

Rouco y sus hermanos no ayudan a que la iglesia recobre un prestigio menguado en España, por la actitud de la iglesia -no toda- ante la Guerra Civil. Que España vive entre dos Guerras Civiles lo puede decir un poeta, Jaime Gil de Biedma, pero no el obispo de Madrid. “En un pequeño país, algo así como España entre dos guerras civiles, una casa y poca hacienda, y envejecer entre las ruinas de mi inteligencia”.

Vino Rouco a la a la Biblioteca Nacional cuando yo era director a presentar el libro de poemas del Papa Wojtyła. Le pregunté cuantos había vendido – 60.000- “como Antonio Gala”, le comenté. No hubo respuesta.

A Manuel Valls, el nuevo primer ministro francés, le conocí en un almuerzo de año nuevo en casa de María Reig en Tamariú. Sencillo y encantador, pero dura como el acero. Su mujer violinista, fascinante. El padre de Valls, pintor barcelonés, vivía en Paris en la Plaza del Ayuntamiento, en una casa antigua, cinco pisos sin ascensor. Era diminuto y pulcro como un pincel y su esposa con un cierto aire exótico, aunque leo que es Suiza. ¿Cuándo tendremos un primer ministro francés?, sería un gran alivio, como Zidane para el Madrid.