La Gran Belleza

Algún engreído atravesado que está de vuelta sin haber ido muy lejos, ha dicho que babeamos ante esa película que no merece tales elogios. Él, Marías, sabe más que la Academia de Hollywood y nos recomienda no sé qué film eslavo en vez de la Grande Bellezza de Sorrentino y Servillo.

Yo, que solo tengo un premio del jurado en el Festival de Cannes 1979, les puedo sugerir que la película hace honor a su título y deja algunas de las emociones visuales más hermosas del año. Es el surrealismo de Fellini con la sensibilidad de Visconti, sin el tedio de Antonioni, la ordinariez de Pasolini.

La escena de la jirafa en las Termas de Caracalla o de los flamencos en la terraza de Gambardella frente al Coliseo son montajes fellinianos donde los haya, pero la sensibilidad complementa a la fantasía para mejorar el surrealismo que tiende hacia el símbolo más que hacia el absurdo.

De pronto el mundo blaze de Roma, que lleva 20 siglos de vuelta de toda, extrae de las capas sucesivas de su sensibilidad una muestra de belleza y melancolía, y la envuelve en imágenes de gran fascinación plástica, como los palacios nocturnos, las fuentes, los amaneceres, el río. Llevan tiempo los italianos sin salir de la superficialidad berlusconiana, pero cuando lo han logrado, ha aparecido la gran tradición estética y satírica de un país muy antiguo, romano.