La Guerra de Crimea

Los sucesos de Ucrania son un “déjà vu”, el recuerdo de la fractura tectónica cultural que separa Rusia de Europa. Escribió Huntington en The Clash Civilizations and the remaking of the world Order que las guerras del siglo XXI no serán ideológicas o económicas sino culturales: conflicto entre civilizaciones.

En Ucrania se rozan Europa y Rusia, el Imperio Otomano y los cosacos de los Zares, los partidarios de Putin y los que quieren un país a la europea. El resultado creo que no ofrece demasiadas dudas: Rusia mantendrá a toda costa su salida al mar en Sebastopol y para ello ocupará Crimea si es necesario. Ucrania se partirá en dos: un lado pro-europeo y el otro pro-ruso; y las potencias – o no tan potencias- exteriores se lo mirarán desde fuera, porque nadie se atreve ni desea plantear una guerra a Rusia.

Inglaterra ya no es lo que era cuando lanzó la famosa Carga de la Brigada Ligera en Balaclava, donde los lanceros ingleses fueron machacados por los cañones rusos. C’est très joli, mais ce n’est pas la guerre le dijo el general francés a su aliado británico tras presenciar el desastre. Pero los europeos ganaron la guerra y Rusia tuvo que pactar con los turcos del Imperio Otomano que controlaban su salida al mar por los Dardanelos.

Ahora Inglaterra y Francia no buscan nada en Oriente, ni mantienen con Rusia El Gran Juego del siglo XIX para dominar Rusia, India e Indochina. Ahora solo está Rusia en Crimea y la ocupará como quiera.