La mejor mujer

Tengo gustos muy simples: sólo me gusta lo mejor. Eso lo dijo Churchill y yo lo suscribo, al parecer también lo dijo Oscar Wilde, cómo no, que lo expresó así: I have the simplest tastes. I am always satisfied with the best.

Yo llamaría lo mejor a aquello que produce la vivencia más placentera en su género. ¿Cuál es la mujer más importante de la Historia?, le preguntó una dama a Napoleón.

– La que ha tenido más hijos, respondió él.

Puede haber una pizca de verdad y mucho de ironía en la respuesta. Y yo añadiría, quizás fuese Eva. Pero lo que no me convence a mí es nominar a Mme. Curie, la Madre Teresa de Calcuta o la Princesa Diana: hay un trasfondo de fanatismo en ellas que las hace unidimensionales. El fanatismo en la caridad no tiene por qué ser más agradable que los otros, y el fanatismo exhibicionista de Diana -y similares- es más cursi que el de Belén Esteban.

No, nada de abnegaciones ni de investigaciones; para mí, la mejor mujer ha sido Marilyn Monroe, por su belleza superlativa, su glamour y su sex appeal (si lo quieren traducido, su duende y su morbo). Aquel traje cosido al cuerpo con que felicitó a Kennedy en su cumpleaños (Happy birthday, Mr. President) no dejaba lugar a dudas… ni a un alfiler. ¡Vaya cuerpazo! Y vaya sonrisa: dulzura, sexo y voluptuosidad.

A su lado, Brigitte Bardot, la Cardinale, incluso Ava Gardner o Rita Hayworth se quedan en damas de honor.