El escritor que pudo reinar

Nada parece, a primera vista, más sensato que la tesis de Platón: que manden los que piensan, que los sabios lleven la política. Pues bien, la realidad, como siempre, desmiente las teorías y los filósofos no solo no son reyes, sino que algunos acaban escribiendo los discursos de los políticos para justificar lo que estos han hecho.

Dante en “De Monarquía” volvió sobre la idea pensando en un monarca que fuese a la vez papa y rey, restaurando el sistema teocrático por el cual religión y política se imbrican completamente, tal como sucediera en el antiguo Egipto, donde el faraón era jefe religioso y político, o en el Islam de los califas descendientes del profeta, cuyo pálido reflejo fue la teocracia persa encarnada por Jomeini, a quien un castizo aproximativo llamaba el atalaya Jiménez.

Mario Vargas Llosa creyó que en Perú era posible el milagro de Checoslovaquia, donde un escritor, Havel, fue elegido para gobernar, sin percatarse de que ello era una tremenda excepción fruto del complejo carácter eslavo, de las nieblas del Danubio y de la tradición alquimista de Praga; pero Sudamérica no es Europa. Como decía Agustín de Foxá, en los países sin Edad Media las sobremesas son más aburridas y, quizás por eso, los escritores menos apreciados. Por desgracia, el imperio inca no es un tema de conversación porque quedó truncado durante la conquista y no permite una continuidad cultural como en la historia europea. Este es uno de los problemas magnos de Sudamérica.

No sabemos si la elección de Fujimori significaba que los peruanos apostaban por un modelo japonés, en vista de que el hispanoamericano no les ha llevado muy lejos. Japón, aunque no lo parezca, es un país de oligarquías, y como los sudamericanos también lo son, podrían encajar, salvando el imponderable, quizás insalvable, de que los talantes de unos y otros son diferentes. Sucede como con el “modelo sueco” en Europa, que más de una vez se invoca -incluso en este país- para copiarlo, sin atinar, tanto eslavos como latinos, que un modelo socioeconómico no es solo la economía, sino cultura y, cuando estas dos son dispares, como es el caso de la nórdica con las otras dos grandes culturas europeas -la latina y eslava- la exportación resulta inoperante.