El caos y el orden

Quizás porque más y más personas experimentan en carne propia -sobre todo en el tráfico- lo que la palabra caos significa, se puso de moda una teoría científica sobre éste. Hay teorías científicas sobre muchas cosas -los fractales, por ejemplo, que me parecen fascinantes- pero no se ponen de moda. ¿Por qué sobre el caos sí? Posiblemente porque nos gusta idealizar aquello que -aunque nos fastidie- no logramos dominar. El caótico ama el caos y toma de esta teoría lo que le conviene, como axiomas paradójicos del tipo “el orden nace del caos”.

Naturalmente, como el día de la noche, sino solo había día o noche, es decir solo orden o caos. La vida, como lo declaró el viejo Heráclito, nace del conflicto y el primer conflicto de todos, el magno conflicto cósmico, es el de orden contra caos. Yo no diría contra, es orden con caos pues el uno necesita del otro para existir. Si solo hubiese orden no tendríamos ni la noción de caos. Pero la cuestión reside en la palabra “nace”: ¿cómo surge el orden del caos?, y lo que es más grave aún: ¿por qué?

En ello están los científicos que se ocupan de la vida. Schroedinger la definió como la capacidad de ciertos sistemas moleculares de crear orden, que él llama neg-entropia. La entropía es una magnitud que aumenta cuando, por ejemplo, un sólido pasa a líquido o un gas se expansiona en el vacío. En estos casos el orden en que estaban los átomos disminuye y, por eso, la entropía es una medida del desorden. El ser vivo es aquel capaz de luchar contra la entropía y generar orden a expensas del entorno. ¿Pero cómo logra un ordenador variar hacia nuevos programas en función de necesidades imprevisibles de antemano? No hay respuesta a este comportamiento que depasa los sistemas mecánicos conocidos por la física y la química.

Se habla de sistemas organizados en niveles jerárquicos, de causalidad circular entre niveles, de auto-referencia, de bucles recursivos. En definitiva, de auto-organización o de un programa que se programe a sí mismo y aún no se sabe cómo. Por eso, cuando se dice que del caos nace el orden, se está tocando una de las cuestiones fundamentales, quizás la cuestión crucial. Pero sea como fuere, no es por azar ni sin esfuerzo, y no se puede aplicar el axioma como consolación a nuestras caóticas vidas, esperando que del caos nacerá orden, caído del cielo.