Ética y tecnología

Aldous Huxley escribió en 1931 Un Mundo Feliz y veintisiete años más tarde publicó Mundo Feliz Revisado para comentar cómo habían evolucionado las cosas en ese lapso de tiempo: nada optimista. La pesadilla de una organización total -basada en el principio de controlar los pensamientos y sentimientos mediante recompensas al comportamiento deseado- ya estaba a la vuelta de la esquina. Según él, la necesidad de control venía dada por el exceso de población. Si en el año 0 de esta era el mundo tenía 250 millones de habitantes, actualmente somos 7.000 millones.

La superpoblación lleva consigo inseguridad económica y tensión social. Huxley describe los medios que usa una superorganización para controlar las grandes masas: la propaganda, el lavado de cerebro, la persuasión química y la persuasión subconsciente que se puede inocular en sueño ligero, etc.

Desde que Huxley murió en 1961 han surgido dos factores influyentes: la química genética y los ordenadores. Conviene plantearse qué efectos puede tener el uso de los ordenadores sobre el comportamiento de las personas y de las masas. ¿Alguien ha pensado sobre una ética de los ordenadores?

El otro día participé en unas jornadas sobre el libro y el ordenador en las que se habló del libro electrónico. Me parece un gran avance puesto que la cantidad de información que se recibe así puede elevar rápidamente el nivel cultural: quizás tengamos ahí la solución al bajo nivel de la cultura de masas.

En cualquier caso es imprescindible no dejarse deslumbrar por la tecnología y someterla al contraste con la ética, es decir, con los valores. El ejemplo más claro de esta necesidad está en los avances de la química molecular, la bioquímica y la genética, pero su evidencia debe aplicarse a todas las tecnologías. Si los médicos tienen su juramento hipocrático y los abogados su código deontológico, los bioquímicos necesitan urgentemente un código ético que acote sus competencias y tranquilice sus conciencias.

La mentalidad tecnológica suele creer que lo es tecnológicamente factible se ha de probar. Ahí es donde entra la ética, y el sostén de la ética ha sido, les guste o no a los racionalistas, la religión. No me extraña que Huxley se interesara en sus últimos años por la mística.