Europa huérfana

Ya que tenemos la figura de la madre entronizada a fondo por la señora Merkel, lo que le falta a Europa ahora es la figura del padre: un anciano prestigioso y convincente que atraiga el respeto y la aquiescencia de los gobernantes de los diversos países y que complemente a la “Frau”.

Cuando Schuman y Monnet iniciaron el Mercado Común, la idea fue crear un eje Francia-Alemania para que la guerra civil europea fuese imposible; entonces los ancianos de la tribu como Adenauer y de Gaulle concitaban respeto y llevaban las riendas europeas. Después, en vez de colosos hemos tenido momias.

“Miterramsés”, engreído en su socialismo caviar, se construyó una pirámide en el Louvre. Papandreu, fue otra momia que intentó imitar a Mitterrand en su peor momento. Thatcher fue la maestra de la escuela británica rigurosa y los italianos bastante tienen con arreglar las averías causadas por la agitación de un Berlusconi recién expulsado de la vida parlamentaria italiana.

Faltan figuras carismáticas en Europa: los presidentes de la Comisión Europea son perfectos desconocidos para los ciudadanos de Europa y su figura no emana el menor carisma. Europa necesitaría ahora a un Churchill, un de Gaulle, un Mao o incluso a un Gandhi, para erigir una figura representativa de la idea de unidad continental. Y cuando más la necesita no la tiene, porque la generación actual de políticos es gris, rodeada de corruptelas, sumergida en mediocridades y falta de personalidad. Son los signos de los tiempos, la fatiga del bienestar.

Europa necesita la figura del padre y los padres de las patrias son tan chicos, romos o decrépitos que de ellos no sale nada entusiasmante. No es que Obama o Putin sean para tirar cohetes, pero comandan mayor autoridad. ¿Tendremos que buscar en Andorra o Montenegro?