Los alemanes

Esa institutriz untada de colorete les tiene robado el corazón a los nibelungos que la votan y revotan, aceptando sus manías de austeridad y recortes a los PIGS = Portugal, Italia, Grecia y España.

Yo creo con Keynes y Paul Krugmann que ahora toca facilitar el crédito y reactivar a la economía, no de cualquier manera, pero sí dejando que los bancos presten crédito a las pymes. Ya sabemos que durante la República de Weimar los precios subían en cantidades astronómicas -como escribía Pla que estuvo allí. Y que el papá de Merkel también estaba allí y le metió en la cabeza que eso es muy malo. Pero los tiempos han cambiado y Hitler -gracias a Dios- no vendrá para arreglarlo. La economía la arregla Keynes y él proponía reactivación, inversión productiva.

Me leí a Jung para entender la mentalidad alemana que, según él es la del hijo último, el que llega tarde.

“Los alemanes -dice Jung- muestran una debilidad específica frente a los demonios interiores debido a su increíble sugestibilidad. Se muestra en su amor a la obediencia, su supina sumisión a las órdenes. Ello se une a la inferioridad psíquica de los alemanes debido a su precaria posición entre Este y Oeste. De todos los pueblos bárbaros, fueron los que permanecieron más tiempo en su tierra de origen. Cuando emigraron, llegaron demasiado tarde (los mujiks ni se movieron). Por tanto, los alemanes están profundamente afectados por un complejo de inferioridad nacional, que tratan de compensar con megalomanía. Es una típica psicología adolescente”.

El diagnóstico de Jung es inmisericorde, pero lúcido, como todo lo suyo, y los alemanes unos obedientes trabajadores a los que el árbol no les suele dejar ver el bosque y a los que Hitler dirigió con cuatro gritos. Que ahora sean ellos los que lleven a Europa dice muy poco de todos nosotros y no augura nada bueno.