Olímpico batacazo

De los cuatro emperadores romanos aborígenes de Iberia: Trajano, Adriano, Máximo y Teodosio, los dos primeros gestionaron la época de máximo esplendor romano, tal como lo afirma Gibbon; el último, Teodosio, es célebre porque abolió las Olimpiadas en el mundo antiguo. ¿Estaremos pagando el mal karma de Teodosio?

No, porque Samaranch lo superó. Entonces, pues comparen el glamour de Samaranch con la delegación española y el actual presidente del COE. No sólo faltó glamour -basta recordar cómo iban vestidos que parecían la tropa de Pantaleón-, faltó sobre todo nivel. Y esto lo que da el país, sin más.

La mentalidad moruna de España, encarnada por Madrid en sus más profundas cavernas (de Luis Candelas, por supuesto), confunde los deseos con la realidad. No se evalúa lo que hay ahí afuera, sino que se sucumbe al embrujo de los propios deseos. Se vende la piel del oso antes de matarlo y se cubre la M-30 porque vamos a celebrar las Olimpiadas. ¿Con qué dinero?: Alá proveerá.

Japón habló de Fukushima en la primera frase: es inteligente y honrado; nosotros no: de los laberintos de la kashba mental del señor Blanco, las bolsas de sangre dopada quedaron flotando en la ambigüedad. Japón es orden y trabajo, aquí con seis millones de parados ¿qué laboriosidad estamos presentando? ¿Y cómo explicarle a un europeo que de los seis millones de parados la mitad son falsos? Es más fácil encomendarse a la Macarena y al Rocío y esperar el milagro.

Personalmente, hubiese preferido Estambul a Tokio porque en este momento geopolítico se necesitaba un reconocimiento mundial al buen hacer de un país musulmán. Hubiese ayudado, quizás, a cambiar un chip de la mente de los árabes. Pero qué estoy diciendo, ¿no es muy parecida a la española?