Intervencionismo

Chirac no quiso saber nada de Irak, pero Hollande se pone al frente de una represalia en Siria. ¿Qué es una guerra justa?, ¿por qué una nación es inviolable y puede hacer lo que le dé la gana dentro de sus fronteras? Eso lo estableció Bodin en el siglo XVI cuando el mundo no estaba globalizado, pero en el siglo XXI las mentes, las tecnologías de comunicación y las interdependencias geopolíticas han cambiado tanto que ya no se acepta el derecho internacional del siglo XVI y se clama por intervenciones humanitarias contra tiranos.

Si se hizo contra Gadafi, ¿por qué no contra ese zorro hipócrita de Al Assad que matará sin reparos para mantener el poder? La ONU debería decidir qué intervención es justa y cuál arbitraria, pero a la ONU le pasa como al estado español de las autonomías: se hizo a la ligera, se creó un café para todos en el Consejo de Seguridad y se dio derecho a veto a China y Rusia, que no se mueven por la misma ética que Occidente ni, desde luego, por los mismos intereses geopolíticos.

Otra vez lo de Kosovo: los americanos sacarán las castañas del fuego -o del gas letal químico- porque los demás ni pueden ni quieren actuar si la ONU no lo sanciona. Y, desde luego, no es lo mismo frenar el uso de armas químicas que atacar con sólo la suposición de que las hay, como hizo Bush en Irak. Esta vez los USA no necesitan una guerra -como suele pasarles cada diez años- y si atacan Siria será por motivos humanitarios, no para quedarse con el petróleo. Chirac tenía el petróleo de Irak a bajo precio y por eso no quiso derrocar a Sadam; ahora François Hollande, envalentonado con lo de Mali y necesitado de popularidad, se ha envuelto con la tricolor para apoyar la causa humanitaria.

Como diría Talleyrand: “La traición es una cuestión de fechas”.