ADN centralista

Cual voz que clama en el desierto tolentino, vengo recordando que es un escándalo que no exista aun un AVE entre Valencia y Barcelona. Tan no lo entienden en el centralista Madrid que inaugura orgulloso un AVE entre Madrid y Alicante sin el menor remordimiento. Porque España es centralista, como Francia, a la que copia “manque pierda”.

Hay países cuya estructura puede ser radial si así lo necesita la eficacia económica, pero solo motivos de eficiencia justifican el radiocentrismo. Si lo hay por ideologías centralistas, la economía del país se resentirá y su unidad también, porque quienes aportan más económicamente al PIB no entienden ser postergados por regiones más graciosas, o con más playas, pero menos activas económicamente.

Por una vez hablo de lo que sé, pues escribí mi tesis doctoral sobre la evolución en el espacio del proceso de desarrollo económico español y soy doctor en Economía espacial. Luego escribí en Alianza Editorial el texto “Sistemas de Cuidades y Ordenación del Territorio” en el cual, ya en 1978, señalaba el eje del Mediterráneo como columna vertebral de la economía española. Ni por esas. El centralismo es tan visceral, irracional y arraigado que aun este año se discutía si eje central o mediterráneo.

España no es Francia, para algo combatimos a Napoleón y nuestra diversidad no ha sido arrasada como la francesa. Somos una unidad en la diversidad, y por eso no podemos ser centralizados sino una malla donde cada eslabón refleja a todos los demás. Aparte del potente polo industrial de Madrid y el País Vasco, la industria española está en el eje mediterráneo. Cada vez que se discute la nueva vía férrea o un desdoble, se está generando 10.000 independentistas más. Eso sí, bastantes menos que imputando a Messi.