¿Por la boca viene el cáncer?

Siempre he creído que el cáncer tiene un componente mental enorme. He visto a personas sacar un cáncer cuando pareja bienamada insinuaba dejarlos y se les ha curado cuando el otro o la otra volvió. Dado que la medicina occidental es mecanicista -de fontanería- no sabe integrar el efecto de la mente en los problemas físicos. El error ya viene de Descartes, del dualismo irreconciliable mente-materia. Ahora que sabemos que materia es energía condensada, no costaría tanto buscar un paradigma orgánico, holista en el que materia y mente se vieran interactuar.

Pero no, eso no cabe en la cabeza de los racionalistas, aristotélicos, cartesianos, mecanicistas y demás “científicos” que no han progresado desde Heisenberg. Claro que mejoró mucho la técnica, pero no la ontología ni la epistemología (qué somos y cómo pensamos).

Ya están viendo venir que me voy a meter con el pardillo de Michael Douglas por decir que su cáncer lo provocó el sexo oral. Como le dijo el cura al pecador: “Aquí venimos a confesarnos, no a presumir”. ¿Pero cuántos siglos se cree el joven Douglas que lleva la humanidad practicando el sexo oral (que no consiste solo en decirlo)? Si su hipótesis fuera cierta, muchos estarían ya en la tumba. Luego añadió “as a second thought, claro que en ese momento mi hijo fue condenado a 5 años de cárcel”. La mente, querido Douglas, la mente.

Todo esto sería risible si no se sumara a las reiteradas andanadas represivas contra el disfrute, el erotismo y el placer. Decía un hippy de mi época que en la gran ciudad posindustrial el único contacto del urbanita con un trocito de la auténtica naturaleza es el sexo de la mujer amada, o viceversa. Si ya se quedan sin eso, vayan leyendo “Yo Robot” y pongan su lengua en formol. El progre Douglas nos salió puritano represivo. ¡Qué bien que lo desintoxicaron de la Stone!