Austeridad o crecimiento

La austeridad en tiempos de recesión es una idea alemana, no basada en una lógica kantiana o un cálculo de Liebniz, sino en la fijación personal de una maestra de escuela que oyó decir a su padre que la inflación era una cosa muy mala.

Paul Krugman, que ha sustituido a Galbraith como economista de referencia (recordemos que Galbraith sustituyó a Samuelson), argumenta con lucidez y lógica que la austeridad, en esta fase del ciclo, es un error. Si no hay crédito para reactivar la demanda, si no se ayuda a las empresas a producir más, no se sale de la recesión.

Equilibrar las cuentas es, en principio, válido, pero en crisis graves, y ésta lo es porque estamos en el fondo de un ciclo Kondratiev de 65 años, hay que priorizar la reactivación sobre la austeridad. Para vaya usted a meterle una idea en la cabeza a un alemán. Nunca han tenido la flexibilidad pragmática de los ingleses y han perdido las guerras con ellos. Pero ahora, con Inglaterra fuera del euro y con un pie fuera de la unión, los franceses, italianos y españoles han de vérselas con la línea Sigfrido y el general Rommel de la economía.

América está saliendo de la recesión, o ha salido ya de ella, Asia nunca cayó en ella y Europa sigue empecinada en imponer austeridad. Sí, está bien, pero todavía no. Como diría San Agustín: “Dios mío, hazme bueno, pero todavía no”, así cabe rogarle a Merkel y a su Dr. Strangelove que nos haga austeros, pero cuando hayamos salido de la recesión.

Entre tanto, lo más relevante es la evolución de Gran Bretaña respecto a la UE. Ellos no creen, pero están dentro, y no aceptan nuestra moneda: ¡qué arte! Eso sí es una excepción y no la francesa. Menos mal que China se ha convertido en la reserva material de Occidente.