De Palermo a Roma

Ha querido el azar que en una semana visitara la capital de Sicilia y la luego la de Italia. ¿Viene Roma de Palermo o es al revés? La antigüedad de Sicilia supera con creces a la de Roma: mucho antes de que se fundara Roma, en el milenio anterior un desembarco de íberos en Sicilia se fundió con los sicanos o sículos. Luego fenicios y griegos aportaron el comercio y los templos, o sea, la democracia cristiana. Esta elipsis es como la de 2001 de Kubrick.

En el hotel que elegí, por su aspecto anticuado, me encontré con el salón donde Wagner compuso Parsifal, sin duda inspirado por la visionaria arquitectura del románico normando. Por el hotel habían pasado Lucky Luciano, Andreotti, “¡tutti quanti!”. Sicilia es un microcosmos que resume en su geografía y en su historia, lo que le ha sucedido a Europa en los últimos 30 siglos. El Gattopardo es ya un arquetipo de la decadencia europea y la mafia una realidad que no osa decir su nombre, pero que está ahí y en América.

Así como Palermo -y no digamos Siracusa- están cayéndose a trozos, como si fuesen la Habana Vieja, Roma sigue pétrea, sólida, indestructible. Desde que se instauraron los “curators” de museos y de monumentos antiguos, cada piedra sigue en su sitio las fuentes manan más caudalosas que nunca. Participé en una conferencia sobre lo bello y lo sagrado en la Embajada ante la Santa Sede, un palacio del XVI que España tiene en Roma y que es una obra de arte unánime. El Panteón sigue siendo mi favorito y los pinos de Roma que crecen hacia la Via Apia hasta la tumba de Cecilia Mettela. Andreotti murió hace pocos días y con él se va una franja de la historia de Italia que no se repetirá. Él quiso imitar a Alcides de Gasperi, Berlusconi imita a Renato Carosone: el bajón de nivel intelectual es enorme, pero eso está sucediendo en toda Europa.