Dr. Strangelove

En la película de Kubrick aparecía un científico alemán, interpretado por Peter Sellers como un genio loco y tirando a siniestro. Esta clásica astracanada me hace pensar en un título: “Mr. Rajoy, volamos hacia Berlín”.

Nuestro “Strangelove” económico empieza a resultar tan demencial y astracanesco como en la película, solo nos faltaría captar las conversaciones  entre él y Merkel como las que inventa Kubrik entre los presidentes ruso y americano.

Rajoy es un alumno aplicado que se ha puesto las orejeras de los recortes y no ve más allá de ellos, cuando lo más urgente –si uno no es empollón- es reactivar la economía. La dichosa inflación durante la República de Weimar, que Pla vivió allí y cuenta como astronómica, tiene marcados a Merkel y a su Strangelove, de modo que no conciben otra política que la contracción.

Es la vieja polémica de Keynes contra Alfred Marshall, que provocó la escritura del famoso libro “The General Theory of Employment, Interest and Money”. Como sostiene Robert Skidelsky en su reciente ensayo “The Return of the Master”, Keynes creía que era estúpido preocuparse por la inflación cuando los precios y la producción estaban en caída libre.

Sí, sí, pero vaya usted a cambiarle la cabeza a un alemán: para meterles una idea nueva en la cabeza se precisa una operación quirúrgica. Keynes venía del grupo de Bloomsbury que vivía según la ética de G. E. Moore: “¿cuánta prosperidad necesitamos para vivir sabiamente, agradablemente y bien? Keynes veía el progreso económico como algo que nos liberaría del trabajo físico, para que pudiéramos vivir como “los lirios del campo”, que decía Jesucristo.

Para Keynes un sistema de mercado no controlado, es inherentemente inestable debido a su irreducible incertidumbre. Es como un avión descontrolado, pilotado por un loco dispuesto a lanzar bombas atómicas donde diga el manual de operaciones. ¿Quién ordenó descontrolar los mercados financieros? La codicia, supongo. Que venga Strangelove y lo arregle.