Thatcher y Sampedro

Son dos maneras complementarias de ver la economía. Digo complementarias, que no excluyentes, porque sin eficiencia no hay riqueza, y si no hay riqueza no se puede redistribuir.

Eso y lo que olvidó -corrijo, no lo olvidó, es que no lo sabía- Zapatero cuando decidió la política económica Keynesiana de gastar en obras públicas, pero sin pararse a pensar de donde saldría el dinero para ellas. La deuda de ahora, los recortes y las restricciones, vienen de ahí.

La receta Keynesiana de Zapatero no ha funcionado porque el paro no se redujo. Ahí es donde Thatcher estuvo inflexible -ahí y en las Malvinas- pues se enfrentó con los sindicatos y las huelgas para sanear la economía y hacerla eficiente.

Mi amigo Marc Álvaro comenta con un artículo que sus profesores de BUP denostaban y ridiculizaban a Reagan y Thatcher porque eran de izquierdas -los profesores, claro- y ya se sabe que la izquierda siempre tiene razón por el mero hecho de ser de izquierdas. ¡Qué bella causa! Si no fuera por la ruina y la deuda que suele acarrear su gobierno. Y que vengan luego los conservadores a poner orden y comerse el marrón. Son como niños.

Sampedro era un buen economista, catedrático de Estructura Económica -como Tamames- y novelista. Cuando yo escribí Del Paro al Ocio y me invitaron a conferenciar en Palma de Mallorca, al pedirme que les sugiriese otro conferenciante no dudé en recomendar a José Luis Sampedro porque me pareció el más afín a mis planteamientos y para tener el gusto de conocerle. Era una bellísima persona, modalidad castellano viejo (se negó a entrar en aquella boîte mallorquina en el patio de un palacio, con leones y todo, con aspecto de decorado de película de César Borgia). Le traté luego en Madrid y admiré su rectitud en no sucumbir a las tentaciones del poder, que siempre necesita esos referentes. No está la cosa como para que vayamos perdiendo los pocos que quedan. ¿Hay alguien más?