El necio de Bardem

Como estamos en la Era de la Imagen, no se pide opinión al que piensa, que es el autor del guión de cine o de la obra de teatro, sino al que pone la cara, que es el actor, cuyo oficio es declamar lo que ha escrito el que piensa. Hoy día vienen los medios de comunicación y obligan a pensar al actor, y como no todos son Charles Laughton, se empiezan a oír tonterías.

Por ejemplo: “A este Gobierno le viene bien tanto paro para que las condiciones laborales sean terribles… “El comunista Bardem del club de la ceja, está pensando en Stalin, que instauró condiciones laborales terribles, no en un gobierno europeo del siglo XXI que mantiene la seguridad social, el derecho de huelga, el subsidio de paro y los inspectores de trabajo. Él habla por su imaginario comunista -cree el ladrón que todos son de su condición- no por lo que haya visto en España, que ve poco desde Los Ángeles y Nueva York, donde las condiciones laborales, por cierto, son peores que aquí.

El señor Bardem está en el pensamiento único, aquel con el que le parió su madre y del cual no ha sabido o no ha querido cortar el cordón umbilical. Ninguna crítica, jamás, al partido socialista que creó “tanto paro” y al cual, por la misma lógica, le debería venir bien ese paro. Pero es inútil esperar lógica de un señor cuyo oficio no es pensar, sino recitar de memoria lo que otros han pensado que, en la mayoría de los casos, tampoco escriben la “Crítica de la Razón Pura”.

Una cosa es que haya paro y otra que las condiciones laborales sean terribles. En España no lo son. Lo fueron en toda Europa en el siglo XIX y por eso Marx escribió su crítica al capitalismo y se crearon los partidos socialistas y comunistas y se fundaron los sindicatos: para acabar con las “condiciones laborales terribles”. El actor Bardem, que vive en su mundo raro, aún no se ha enterado de cómo son las condiciones laborales en su país. Ello no le impide proferir su demagogia barata y siempre en la misma dirección, sin criterio alguno.

Por lo demás, que siga en su papel de villano, que es el que le sale mejor porque es caricatural y sin matices. Comenzó mal de inquisidor en una película sobre Goya, lo mejoró con los hermanos Cohen y aquí toca techo con un James Bond, dicho sea de paso, tétrico, desagradable y aburrido, falto de glamour, de humor y de brillantez. Comparado con Sean Connery, este Craig es un muermo. Bond ha de ir de sobrado, no de atormentado. Y tener sentido del humor.