Día del Libro

Navegando por el océano de opiniones sobre si el libro perece o subsiste, celebramos en Barcelona otro San Jorge con libros y rosas. Se vendió más que el año pasado, algunos dicen que porque el libro es más barato que una caja de bombones o un ramo de flores.

Para nosotros es una ocasión de ver a los otros colegas –comprobar su deterioro o lozanía- y conocer lectores que de otro modo no veríamos nunca. Estaban espléndidos Mendoza y Marías: éste con su aire ceremonioso y amable, aquel con su siavidad de coyote mejicano.

Las mujeres espléndidas y numerosas encabezadas por Almudena Grandes, Pilar Rahola, Maruja Torres y la nueva académica Carmen Riera. Luego hay los libros de los mediáticos: Buenafuente, Sardá, Boris Izaguirre y “tutti cuanti”. Y además un género nuevo que no acierto a captar que es el de escritor/a joven que escribe para adolescentes o jóvenes y que tienen algo que ver con internet, o Ipad o yo que sé!”, pero que atraen muchos seguidores.

En un puesto de Rambla Cataluña, en la caseta de la Librería Central me tocó al lado de Ferrán Adriá y fui sumergido en un sunami de fans de Ferrán en pos de su autógrafo que es de trazos potentes y enérgicos, como él.

Vendió mucho Mendoza, algún sueco o una inglesa y los catalanes consolidados. Muchos libros de fútbol, tantos como de cocina y muy buen ambiente en las calles que se llenan porque como en España, según las encuestas, sólo un 15 por ciento de la población ha entrado en una librería en su vida, este día pueden comprar un libro sin cometer la temeridad de poner los pies en la librería: los compran en la acera y se sienten más tranquilos que penetrando al incógnito antro de los libros.

En mi opinión el Ipad será al libro como el coche a la bicicleta. Lo usaremos para viajar, pero por placer seguiremos sacando la bicicleta y el libro en las horas libres del fin de semana. Al final un libro es un objeto tangible y regalable y un Ipad no, sólo es una pantalla donde aparecen páginas que se sustituyen.

En el libro las tenemos todas a la vez y a mano. ¿Quién desconoce el placer de acariciar un libro?