Terrorismo científico

Parece ser que los servicios secretos israelitas, llamado Mosad, han eliminado en pocos meses a cuatro físicos nucleares persas, desde que comenzó el rumor de que en Irán estarían enriqueciendo uranio, que es como se usa en la bomba atómica. A eso se llama curarse en salud o ponerse el parche antes de la herida.

La guerra, como dijo Clausevitz es la fase final de la diplomacia, y yo diría que el terrorismo –es decir, el asesinato puntual- es el sustituto de la guerra. Ojalá sea así, porque nadie desea ahora una guerra contra Irán: ni los judíos, que la sufrirían en primera línea, ni los europeos, que nos hemos vuelto pacíficos y simpatizamos tanto con Israel como con Irán.

Ahora bien, lo que me interesa del tema es su similaridad con la obra de teatro titulada Copenhagen que escenifica la visita del físico alemán Werner Heisenberg, célebre por su Principio de Indeterminación, al padre de la teoría atómica Niels Bhor en Copenhagen durante la Segunda Guerra Mundial. Los aliados querían saber si Alemania tenía la bomba atómica o en qué fase de producción de ella estaban. Esa era la pregunta que Bhor debía plantearle a Heisenberg.

Nunca quedó claro el contenido de la famosa conversación, y en la obra no se especifica nada, pero se dejan sobreentendidos. Por ejemplo, que Heisenberg, que era un alemán de los nobles y sensatos, no deseaba poner en manos de un loco como Hitler un arma tan decisiva, y que por ello las investigaciones alemanas para lograr la bomba no iban nada rápidas. Otros creen que ello se debió a que Alemania no tenía las materias estratégicas clave para confeccionarla.

Lo que sí es cierto es que antes de la guerra Alemania iba por delante en tecnología atómica con Otto Hann, Szilard y Heisenberg, hasta que la idiocia racista antisemita de Hitler obligó a marchar a los grandes físicos judíos y uno de ellos, el italiano Enrico Fermi, construyó la primera pila atómica en Chicago y luego fue decisivo en Alamogordo para fabricar la bomba atómica. Incluso Einstein que había huido a Princeton, escribió una carta a Roosevelt para que acelerara la fabricación de la bomba.

Ahora Israel no quiere que le fabriquen bombas atómicas al lado de casa países que nunca le han visto con buenos ojos, y se defienden de la manera más eficaz e inteligente, si bien criminal. Eso lo inventó en el siglo XII Hassan Sabah, jefe de la secta de los hassishins, que era persa, por cierto.