Gadafi

A toro pasado todo son lamentaciones y sobre todo contradicciones: queremos matar al tirano, pero que sea en La Haya, no donde él mató y torturó a su antojo y durante décadas. La gente, los insurrectos tienen razones del corazón que la razón del derecho internacional no comprende.

¿Cómo murieron Hitler, Mussolini, Ceucescu, Allende, sí Allende? : Con las botas puestas. ¿Cómo murió Franco y morirá Castro? : En la cama. ¿Por qué será? Pues porque tuvieron la inteligencia –los tiranos o dictadores que mueren en la cama- de ceder terreno, de soltar amarras, de iniciar reformas hacia otro sistema alternativo más abierto que el suyo. Franco había nombrado sucesor a Juan Carlos a sabiendas de que éste, con los americanos, traería la democracia; y como no había que ser un lince para verlo venir, se le dejó acabar en paz.

Otra cuestión es la justicia en tiempos de cólera: si el tirano huye, se oculta y le encuentra la turba, no el ejército, como a Sadam Hussein, lo lógico es que se desate la pasión de la venganza y que en la psicología de grupo, que es diferente de la individual, lo peor sea más probable. Que a Gadafi le apalearan y le hiciesen de todo era de esperar. Nosotros europeos, desde la torre de marfil donde nos la cogemos con papel de fumar, vemos con horror esas imágenes y lamentamos no juzgarlo en La Haya, Demasiado tarde. El coronel campó por sus respetos y prolongó sus atrocidades de un modo demasiado personal, diferente el terror de Asad en Siria, más parecido al arbitrario y personal de Sadam Hussein o Ceucescu.

A más de un político europeo le resulta indigesto contraponer las fotos de él con Gadafi en casa, la jaima plantada en las Tullerías, el Quirinal o la Moncloa, no sé si en Westminster, y ver al lado los vídeos de aficionado con la pasión y muerte atroces del antaño agasajado huésped libio.

La guerra es la guerra, como decía la madre superiora en el chiste de los milicianos violando el convento, y cambiar el injusto y anacrónico régimen de Libia por una democracia, tiene un precio y va a ser desagradable. El mundo es así, el ser humano también. Y el primero que se puso fuera de la humanidad fue Gadafi con sus arbitrariedades y sus torturas. Yo preferiría condenarlo en un juicio, claro, pero hay que entender al pueblo libio. Perseguir a los que le mataron tiene bastante de complejo de culpa por parte de los europeos, y de mala conciencia por haber confraternizado con él.