De conferencias y debates

Los debates tienen sentido cuando el electorado necesita calibrar las cualidades de candidatos en similitud de expectativas. No es el caso de España: Rubalcaba es de sobras conocido, Rajoy también lleva años y las expectativas no son similares sino abismales. Ni un debate ni varios aclararían las cosas a los votantes que, si dudan, más vale que se hagan franceses o quizás griegos.

La suerte está tan echada que los anti PP –antaño llamados la izquierda o los socialistas- se meten ya con el Gobierno como si éste no fuera todavía de Zapatero. Incluso una ínclita periodista de Barcelona se mete con Aznar para no mirar hacia el PSOE. No es la única, yo he tenido que oír en tertulias que la culpa de ciertas cosas era del PP ¡cuando quienes gobernaban y decidían eran los socialistas!

Dice así la columnista: “Esa gran foto de Aznar con un título de superhéroe enmarcando su castiza faz”, y a fe mía que esa señora jamás se atreverá a poner un epíteto irónico a la cara de Felipe González, por ejemplo. Pero así son las dos Españas: cainitas, tercas, sin perdón. La cuestión es que Rubalcaba debe llevar un as en la manga para las elecciones y parece que el más probable sea la pacificación de ETA. Pues bienvenida la paz, venga de donde venga, y si la trae Rubalcaba se lo agradeceremos calurosamente. Otra cosa es que le votemos.

Yo la verdad, hoy por hoy, me divierto más con Francia. Con la señora de Strauss-Khan que vota a Manuel Valls en las primarias socialistas. Valls era un pintor catalán que vivía en París cerca del Hotel de Ville y al que conocí hace unos años, su hijo Manuel es una joven promesa del partido socialista francés al que también he conocido en un fin de año en la Costa Brava y que me causó una excelente impresión: claro, conciso, lleno de energía, abierto, que no parece socialista, vamos, pero es que en Francia el nivel es otro.

Y doña Ane Sinclaire, de soltera Rosenstein, votando por Manuel Valls un excelente augurio para este medio compatriota nuestro. Y como simetría en el enredo digno de Faydeau, Segolene la ex de Hollande, desbancada y postergada por su “ancien” marido, que camina sin trabas hacia la representación del PS francés por ver de quitar a Sarkozy. Pero eso ya será harina de otro costal, a lo mejor los franceses, para variar, miran lo que pasa en España y no tientan al diablo.