Robin Hood y la lucha de clases

Acusan a Obama los republicanos de fomentar la lucha de clases por pretender subir el impuesto a los ricos. Él replica que no es lucha de clases, sino matemáticas. “It is the economy, you idiot”, como exclamó Clinton. Para mí lo asombroso fue que Bush bajara los impuestos a los más ricos con la manida y absurda excusa de fomentar la inversión. Claro que hay que subirles otra vez los impuestos porque estamos en un sistema económico mixto, capitalista y socialista, con un estado del bienestar que matemáticamente sólo se mantiene con un impuesto progresivo, es decir, que el porcentaje a pagar de impuesto, aumenta según el total que se gana.

Por ejemplo, yo mismo, entrego cuatro meses de mi vida al gobierno, cada año, porque me aplican el impuesto del 32 por ciento de lo que gano. Trabajo un tercio de mi tiempo, un tercio de lo que me paguen por este artículo, va para el estado. Y luego se lo gastan en el aeropuerto de Ciudad Real o el Ave a Cuenca. Pues bien si los profesionales de clase media pagamos el 33 por ciento, ¿qué deben pagar los muy ricos?, el doble, sería lo lógico.

Son matemáticas, no lucha de clases. Pero, ¿qué es el síndrome de Robin Hood que le ha cogido a Rubalcaba? Ese colega de Solchaga que gritaba ¡enriqueceos! Como Thiers a los franceses cuando empezaron a mandar las clases medias tras la Revolución. Aquí la revolución fue que mandaran los socialistas del PSOE que instauraron la cultura del pelotazo, la concesión y las prebendas públicas, con el dinero de todos que, según una de las cretinas del gobierno Zapatero “no es de nadie”. De ella no, claro, porque como su eximio presidente no debe haber trabajado en su vida.

Ahora Rubalcaba quiere sacar dinero a los ricos para pagar el estado de bienestar de los pobres. Me parece lógico, pero que además, empiece por quitar los 47 días de burocracia que se sufren en España para crear una empresa, que reforme la ley laboral para que despedir un obrero no cueste más que divorciarse de él, y que lo haga ahora, que aún gobiernan los suyos y puede hacerlo.

El Robin Hood y su Caperucita Roja en Cataluña podrían emplear los dos meses que les quedan de gobierno para pasar alguna reforma como las que sugiere el catedrático de Harvard, Vivek Wadhwa.