La guerra de Alfonso

El enemigo es la derecha, clama Alfonso Guerra en el destartalado encuentro de Rodiezno, donde no aparece ni el cesante ZP. Habrá que recordarle al bueno de Alfonso que el enemigo no es la derecha, sino el incompetente o sinvergüenza que arruina la economía y baja el nivel de vida de los trabajadores. Si Guerra quiere seguir pasando la factura de la Guerra (Civil, por supuesto) es un oportunista mal intencionado que, como dicen ellos, “pone en peligro la democracia”.

Porque la democracia se puso para que manden los que elijan la mayoría de españoles, no los que perdieron la Guerra Civil. Aunque pongan las elecciones el día que murió Franco, no fuéramos a olvidar la deuda pendiente, que el PSOE está dispuesto a cobrar por todos, incluso por los anarquistas que son los grandes olvidados.

Dice el políticamente incorrecto pero lúcido Sostres: “Rubalcaba encarna este afán de eliminar al adversario que ha tenido siempre la izquierda. Rubalcaba encarna y alimenta la raíz totalitaria y agresiva de una ideología y de unas estructuras que todavía no se han incorporado a los valores ni a la dinámica del mundo libre”.

Cualquiera que, como quien esto escribe, haya tenido amigos en las células comunistas de la universidad o haya formado parte de ellas, sabrá cómo las gastaban en esos grupos: una autoridad totalitaria, una creencia acrítica del leninismo, una obediencia cerril, un secretismo servil y el uso de la calumnia contra los tibios. Es lógico que gentes criadas políticamente en ese ambiente no entiendan lo que es la democracia. Aunque lo más gracioso es que, de socialistas, contra Franco habían pocos; eran anarquistas o comunistas.

Y acabo con Sostres, porque no se puede decir mejor: “Para militar en el antifranquismo no hacía falta ninguna convicción democrática ni ningún amor a la libertad. Más bien todo lo contrario. La izquierda antifranquista fue marxista, maoísta, troskista, estalinista, cualquier aberración imaginable, lo fue todo menos demócrata y jamás predicó nada parecido a la libertad. El totalitarismo en nombre del que actuaban era mucho más sanguinario que el régimen y fue una suerte que fracasaran”.

Obviamente, maldita la gracia que acabe Franco (puesto que acabó él, no lo acabamos) para tener aquí un maoísmo, un estalinismo o un tándem Carrillo-Ceausescu que eran tan amigos.

En fin, que si el enemigo es la derecha, también lo es la izquierda en España, o sea que olvidémoslas a ambas y creemos nuevos partidos que no vengan ni del franquismo ni del estalinismo.