El rayo que no cesa

Este es el verano de nuestro descontento, diría el pérfido Macbeth –que dijo invierno, para ser exactos- y no es nada nuevo que los motines, revueltas y altercados se “celebren” en verano cuando el calor excita: 4 de julio independencia americana, 14 de julio revolución francesa, 18 de julio guerra civil española.

Tottenham, Sol, Siria, Tel Aviv, Ávila. Este último para mí el más increíble: se cambian cadáveres de fosa, afición puramente española fomentada en la época Zapatero y se enzarzan los “body snatchers” o desenterradores con los vecinos del pueblo en donde una nieta ha tenido la ocurrencia de pedir que le cambien de tumba a la abuelita. A los “body snatchers” sólo se les ocurre presentarse con la siguiente pancarta: “Somos los nietos de los obreros que nunca pudisteis matar”.

Me parece infecto y putrefacto, como diría Dalí. Matar, lo que se dice matar, empezó el Frente Popular y como reacción los generales se sublevaron y mataron a su vez. A ver si entienden esos vengativos nietecitos que a los burgueses no les interesaba matar a los obreros, sino explotarlos, como explicó Marx. Y yo soy el hijo, por citar un ejemplo, de un señor que la F.A.I. quiso matar y no pudo. ¿A qué jugamos? ¿vamos a repetir la guerra civil, a ver si la ganan otros? ¿Es esta la precampaña de Rubalcaba: Vótenos al PSOE porque los del PP mataron a los obreros? Intolerable, rastrero, grotesco.

Entre tanto ZP es comparado a Nerón en la prensa internacional, como explica en un oportuno artículo Henry Kamen. Fuera del mundo, hipócrita como él solo, dice no importa qué y usa, como los neuróticos, la palabra para reconstruir la realidad al tenor de sus deseos. Un perfecto insensato, pero inasequible al desaliento, lo cual le está costando carísimo a España.

Este pobre hombre que se metió donde no debía, sin saber economía ni inglés, tiene que realizar la reforma laboral y no quiere. Finge, amaga, miente, pero no engaña a nadie. El proyecto de reforma laboral que elaboró como camuflaje, no sirve para nada, porque es un tapujo. Si no se flexibiliza el contrato laboral no bajará el paro. Ese es su cometido antes de marcharse, pero no lo hace, ni lo hará, es un hipócrita vendedor de humo. Le deja el marrón a Rajoy, lógico, pero ¿ y el bien de España?