Sexo en Nueva York

Desde mi provecta edad de setenta y un años puedo considerar los arrebatos irresistibles de DSK, con sesenta y dos años cumplidos, como algo admirable, peligroso, indeseable y sobrecogedor. ¿De dónde saca este hombre tanta adrenalina y, sobre todo, testosterona, para perseguir a una camarera por la suite del Sofitel, acorralarla y “tratar de forzarla a tener sexo oral y anal”? porque entre lo uno y lo otro hay al menos ochenta centímetros de distancia y, como diría el vinatero francés: “¡Quelle diference de bouquet!”. Todo un atleta del erotismo.

Con Rodrigo Rato esto no pasaba. Lo sé seguro porque Don Rodrigo me contó que hacía yoga todas las mañanas e incluso jogging, que le vi corriendo en Tokio. La relajación mental y física es ideal para ahuyentar al demonio meridiano, ese que tentaba a los anacoretas a la hora de la siesta. Pero ¿es que no sabe Strauss-Khan que hay otras maneras de arreglar el tema? Solo explica su idiotez el empacho de poder y el creerse inmune por su elevado cargo.

Su gran pifia conlleva otro matiz: si hubiese sido de derechas la prensa, normalmente nutrida por izquierdistas moralinos, habría catalogado el hecho con un “¿qué se puede esperar de ellos?”, “ellos” son los que “si tu no votas ellos vuelven”. Pero ¿qué decir cuando el violador no es de “ellos”, sino “uno de los nuestros”? Pues buscar conspiraciones, o taparlo o ignorarlo. Porque la izquierda, por definición siempre tiene razón y todo lo hace bien. Si alguien hiciera algo mal es que no es de izquierdas.

Espero que la gente que vota a tales farsantes se acabe de dar cuenta que les están tomando el pelo los de la “izquierda caviar”, aquí conocida como “gauche divine o PCC, Partido Comunista de Cadaqués, en Barcelona. Estos ricos que votan e incluso representan a la izquierda, como Serra, Maragall, Bohigas, Portabella, pero viven como millonarios, llevan años perpetuando la farsa de Picasso y Visconti que de PC sólo tenían el carnet y los críticos a favor.

Si la idiocia de DSK sirve para poner de una vez en su sitio de falsos a la izquierda caviar, será el último servicio que este salido economista habrá prestado al socialismo francés, cada vez más caviar y menos socialismo. Aquí no es caviar, son de aceitunas rellenas.