¿Y las fotos?

No seré yo, a mi provecta edad quien retorne a teorías conspiranoicas, pero entenderé que muchos se pregunten si era tan difícil echarle unas fotos al cadáver de Bin Laden, como se hizo con el de Che Guevara, o filmar el ataque del comando a su mansión. Exhibir una cama deshecha y alfombras manchadas de sangre, de verdad, me causó vergüenza ajena. Alguien estaba haciendo el ridículo.

¿Por qué? ¿Acaso los islamistas radicales se van a enfurecer más de lo que ya están por ver unas fotos de su líder muerto? ¿A qué vienen las prisas por de echar el cadáver al mar sin tomarle ni siquiera las huellas dactilares, no vaya a ser un doble?

Porque los conspiranoicos podrán pensar que, dada la antigua amistad de la familia Bin Laden con los Bush y Cheney el siniestro, Osama se ha largado a Suiza, o Pernambuco, se ha operado la cara y piensa pasar los últimos años de su vida más cómodamente que en una cueva del Tíbet.

Y ¿Cómo es posible que su casa estuviese ubicada a pocos metros de la academia militar de Pakistán? El ejército pakistaní ¿no fue capaz de detectarlo? y cuando aparecieron los helicópteros y comandos americanos invadiendo terreno de Pakistán, los militares que estaban en la academia ¿no reaccionaron? ¿No salieron de defender su territorio nacional de un ataque extranjero?

Demasiadas preguntas para un hecho que se sustenta en una declaración y nada más. Los que opinan que los americanos no llegaron a la luna en 1969 porque no han vuelto más, los que cuestionan quien mandó los aviones contra las Torres Gemelas, tienen vía libre para cuestionar esta muerte anunciada, que no vista ni comprobada. Con lo fácil que sería pasar unas fotos y filmaciones del cadáver de Bin Laden. Los escrúpulos morales a hacerlo no se compadecen con la brutalidad del ataque, la unilateralidad de la decisión o la invasión armada de un estado soberano. Si todo eso no les frenó, ¿a qué vienen los escrúpulos de herir susceptibilidades con fotos macabras?

Lo que sí recomendaría a Obama y Cía. es que consulten a un discípulo de Carl Gustav Jung, lástima que él no viva, sobre cómo evitar que un “mártir” se convierta en un mito, por ejemplo, San Sebastián. El cuerpo y las fotos de Bin Laden no son nada comparado con la fuerza del mito que llegará o no a formarse, “The Power of Myth” es uno de los títulos clásicos de Joseph Campbell, otro discípulo de Jung que ya no está y nos vendría muy bien, porque Osama es la reencarnación moderna de Hassan Saba, el viejo de la Montaña y sus hashishins.

Muerto Osama, hay que luchar contra un mito.