Islandia indómita

Gentes que visitaron Islandia en época de vacas gordas contaban de su deslumbrante sistema social, un híbrido perfecto, al parecer, de comunismo y capitalismo, donde la educación universitaria y la sanidad eran gratuitas para todos y un picapedrero cobrara igual que un cirujano. Tan perfecto era el funcionamiento del país que una porción de ingleses y holandeses, incluso mil españoles, enviaron sus ahorros a bancos y fondos de inversión islandeses para lucrar opíparos dividendos.

Pues todo fachada: en cuatro días los financieros están huidos o encarcelados, lo bancos quebrados y los inversores sin nada porque, así como en otros países el gobierno acudió a tapar los agujeros de la banca, en Islandia lo sometieron a votación y los astutos islandeses decidieron que los ingleses, holandeses o españoles que les habían confiado sus ahorros los podían dar por perdidos.

“C’est tres joli, mais ce n’est pas la guerre”, como le dijo el general francés al inglés después que los cañones rusos destrozaran a los lanceros ingleses en la carga del desfiladero de Balaclava. Es muy bonito pero no es la guerra, cabe decir ante el gesto islandés ya que nadie volverá a invertir un duro en su “gélida manina”. Tendrán que volver a pescar bacalao y poca cosa más, lo cual no va a permitirles seguir en su dorado comunismo.

La primera reacción de un progre ante estos hechos es de júbilo y admiración hacia una gente que se niega a salvar su banca con dinero público. Bien, pero si se piensa dos veces, ¿a alguien le parecería correcto que si quebraba La Caixa o el Banco de Santander nos dijeran que nos habíamos quedado sin un duro como si esto fuera Argentina? Claro que la banca siempre gana, pero es que sin ella la economía no puede existir y se debería volver al sistema de trueque que es muy incómodo.

Creo que las emisiones de bonos y deuda están para estos casos y para conseguir que con el tiempo el erario público recupere el dinero que adelantó para salvar a los bancos. El sistema capitalista es así y no sabemos de otro que funcione mejor. Los espabilados islandeses se han salido con la suya, pero su prestigio está por los suelos y su imagen se va a convertir en aquella de los vikingos pirateando las costas europeas. Por esta vez los países del sur han actuado con menos egoísmo que los solidarios escandinavos.