ZP y el Père Joseph

Sería una mordaz ironía comparar a ZP, a estas alturas de sus cumbres borrascosas, con el Cardenal Richelieu, que pasó a la historia como el artífice de la unidad de Francia, antes de que los jacobinos la centralizaran, pero no me parece exagerado equiparar a Rubalcaba con el Pere Joseph, su eminencia gris, al cual Aldoux Huxley dedicó una biografía novelada.

Aunque lo primero que le viene a uno en mente cuando analiza a Rubalcaba es el siniestro jefe de la policía napoleónica y luego borbónica, Joseph Fouché, bien mirado, su equivalente histórico y casi físico más adecuado es Joseph de la Tramblay, monje itinerante que sostuvo a Richelieu en sus horas bajas, realizó para él misiones secretas y le asesoró con inteligencia en su política basada en el engrandecimiento del estado francés a costa de la nobleza.

La razón de estado es el argumento crucial en este embrollo que se ha desatado a propósito del chivatazo del bar Faisán. Por cierto, ¿por qué la política española sucede en los bares?, ¿por qué sus escándalos, golpes y conspiraciones tienen nombre de bar o cafetería? Porque este es el país de la cocaína con churros. Pero volvamos a la razón de estado: cometer actos condenables e incluso punibles en aras de un bien superior que el estado conoce y persigue, pero no puede compartir con la mayoría de los ciudadanos, ni siquiera con el resto de los diputados.

Claro esto pone a ciertos nombres el estado, a quienes se sitúa como guardianes de la razón de estado en una maquiavélica moral de ciudadanos por encima de toda sospecha. Ellos, en teoría, deben sacrificarse aceptando el papel de ejecutores de la razón de estado en beneficio de todos. Si seguimos a Maquiavelo, no hay problema, pero si planteamos la vidriosa cuestión “quid custodiat custodes”  y nos contesta que la zorra está guardando el gallinero, pueden sonar las alarmas en un país básicamente cristiano –en cuya moral el fín no justifica los medios- y que no se rige ya por la moral romana dela “virtu” tal como distingue Isahia Berlin en su espléndido ensayo sobre Maquiavelo que les recomiendo para quienes deseen con liberalidad entender a Rubalcaba. Es un pagano como los de la época augusta o del Renacimiento.