Sed de qué

El otro día un contertulio dijo que “la derecha nunca ha entendido muy bien esto de la democracia” porque Rajoy rajó: “Hay sed de urnas”. Me duele esa condescendencia de los supuestos progres que consideran que sólo “la izquierda” es democrática. Y me duele porque no hay nada más dañino para la joven democracia española que unos votantes estigmaticen a los que no votan como ellos de poco o nada demócratas.

La democracia se hace con varios partidos pero si partimos de la base que sólo los de izquierdas son “demócratas” y los demás anti o poco democráticos, estamos volviendo a la intransigencia y a cargarnos la democracia. La idea, sólo son verdaderamente demócratas los que votan como yo, es facha, aunque la tenga un llamado socialista. Y no digamos un comunista, pues gente capaz de apoyar a Estalin o Lenin, como Carrillo, son peores que los más cavernosos fachas.

Adelantar elecciones es algo previsto en democracia y usado a veces tanto por la derecha como por la izquierda. Por eso existe en la Constitución la figura de la moción de censura o la posibilidad de que el presidente convoque elecciones anticipadas.

Otra cuestión es que convenga al país. Si ZP ha procastinado y dejado caer casi todo, que sea él quien se coma el marrón hasta el final, pensarán algunos. Ya escampará pensará el propio ZP que es más gallego que Rajoy a pesar de haber nacido en Valladolid. ZP se va a agarrar a un clavo ardiendo y espero que lo haga porque merece quemarse. Algunos de su partido están pensando en cambiarlo para reducir los daños. Hay opiniones para todos los gustos, pero un personaje así de tortuoso es de los que no se van hasta que los echan, como Montilla. Quien, por cierto, ilustra la tesis de mejor cambiar cuanto antes. Una cosa aparentemente complicada e intocable con Montilla y su querido Saura de consejero de interior, los okupas, ha sido zanjada por Convergencia en cuatro días, demostrando la ventaja de cambiar de gobierno.

Al oir sed de urnas me vino a la cabeza “Sed de Mal” la mítica película de Orson Welles que se inicia con el plano secuencia más largo de la historia del cine, mostrando la frontera de USA con Méjico. Orson encarna al sheriff corrupto, cansado y desgastado que acaba yendo a consultar su futuro a una echadora de cartas que es nada menos que Marlene Dietrich vestida de gitana. A ver a quién habrá consultado ZP para salir diciendo “No tiro la toalla. Sin duda hay margen para ganar”. ¡Viva el Alcoyano!.