El Mentalista

Ya nos avisó Oscar Wilde que la naturaleza sigue al arte. Pues ahí va una nueva contrastación con la realidad: En el tercer año de la serie ‘El Mentalista‘, aparece Julian Assange, que es su vivo retrato y se convierte en protagonista de un culebrón, o serie en anglosajón, que no lo supera Hollywood.

Y entonces aparece la hipocresía anglosajona: Como no pueden acusarlo por divulgar notas diplomáticas, le detienen por las declaraciones de dos mujeres presuntamente abusadas. Eso le pasa por ir con aficionadas, si hiciera como Berlusconi otro gallo le cantaría. Las señoras de reputación dudosa -dado que se lo llevaron a casa a la primera de cambio- lo acusan de penetración sin condón una y en sueños la otra. Sigue el culebrón. ¿Hay que creérselo?

“Es difícil evitar la hipótesis fuerte de que la detención de Julian Assange, por acusaciones de coacción, violación y acoso sexual procedentes de Suecia, tienen algún tipo de motivación en la profunda inquina que los estamentos oficiales de Estados Unidos han proyectado sobre el fundador de Wikileaks por el empeño de sacar a luz los secretos de sus diplomacia”. Así reza el editorial del periódico El País con el cual por esta vez estoy de acuerdo.

¡Qué hubiera sido de Talleyrand si se hubiesen publicado sus despachos secretos, sus cartas al zar a espaldas de Napoleón, sus comunicaciones con Metternich. Eso era inconcebible. Para eso se inventaron los mensajes cifrados. ¿No quedamos que los diplomáticos se pasaban horas criptando y descifrando mensajes? ¿A qué viene ahora el Departamento de Estado con este burdo uso del idioma normal para enviarse información? Ahora se enterarán que los mensajes cifrados que enviaba John Dee, el primer 007, a Isabel de Inglaterra, eran mucho más seguros que esta tontería de internet. Alan Turing inventó sin querer el PC decodificando el lenguaje secreto de la Wermacht. ¿Y ahora salen los diplomáticos americanos enviando sus informaciones por internet?

Si hay que acusar a Assange de revelar secretos de estado, se le acusa, pero este golpe bajo de “cogerlo por la bragueta” como lo dibuja Ricardo en El Mundo, es de baja estofa, desmoralizador, indigno de países nórdicos que nos dan lecciones de moral a los PIGS mediterráneos. Lo que han hecho con Assange es de culebrón barato, venezolano. Si por lo menos las chicas lo hubieran sido.