Berlanga

Tengo una deuda personal de gratitud con Luis Berlanga porque cuando presenté mi corto “La Fiesta de los Locos” en el festival de Cannes 1979, él insistió al jurado, del cual formaba parte, para que me diesen el premio especial del jurado. Así gracias a él subí al escenario a recibir el premio de manos de Francois Sagan y a colocarme junto a John Huston, Coppola y Jack Lemon entre otros.

Día de gloria que hoy recuerdo para sumarlo a lo mucho que nos ha dejado Luis Berlanga. Su trato era siempre cordial, casi cariñoso, sencillo y señor, culto, hablando bien, con propiedad. Se le ha llamado el autor del esperpento suave, es una definición exacta si recordamos “La Escopeta Nacional” y “Bienvenido Mr. Marshall“. Porque el esperpento tal como lo definió Valle-Inclán es la deformación de la realidad en el espejo cóncavo del arte. Se puede curvar más ó menos esa deformación: si se exagera estamos en Almodóvar que, además de esperpéntico es casticista, por lo cual gusta más en el extranjero. Con una curvatura menor estamos en el esperpento suave de Berlanga que es menos casticista que social, costumbrista.

Con Bardem realizó el sutil “Bienvenido Mr. Marshall“, y digo sutil porque apuntaba por elevación a Franco y las concesiones del régimen a los americanos. Era una premonición de lo que le sucedería a la cultura española cuando se yankificase. Ya lo hemos visto: lo que es ahora. Ellos lo prefiguraron en su divertida metáfora.

Y en cuanto a la “Escopeta” nada más profético sobre lo que serían los nuevos ricos de la edad del ladrillo. Aún tenía que ser catalán el protagonista, pero luego podría haber parodiado al Pocero o a Jesús Gil.

Un artista capaz de reflejar su tiempo y además, anticiparse a él es un genio. Quede Berlanga entre Buñuel y Almodóvar en el panteón de los grandes artistas españoles del séptimo arte.