¿No Trabaja ni Dios?

No creo que el precipitado Puigcercós haya leído el bonito ensayo de Ortega “Teoría de Andalucía”, donde el filósofo afirma que el carácter de Andalucía es  “el ideal vegetativo”. ¿Se equivocó Ortega o exagera Puigcercós?

Hay una evidencia: fuera de su región los andaluces han trabajado como el que más, empezando por Cataluña y terminando por Alemania. Ahora bien, en su paraíso terrenal de Al-Andalus, en su Jardín de las Hespérides, es lógico que prefieran –siguiendo la curva de Philips- más ocio a más dinero. Ganar un poco menos y tener más tiempo libre, porque allí el tiempo libre es más barato: unos finos, un cante, una conversación bajo la parra ante el Mediterráneo.

Pero eso es mérito de ellos, de un pueblo sabio que no viene al mundo a trabajar y luego vivir, sino al revés. ¿Cómo censurarles por ello, si es el ideal de cualquier sociedad civilizada? Dios no puede trabajar porque fue él quien inventó el trabajo para castigar a Adán y Eva: “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”. Por cierto, la otra cosa que no puede hacer Dios – a pesar de ser omnipotente- es suicidarse.

Si los andaluces eligen trabajar algo menos para cambiarlo por tiempo libre, no quiere decir que estén defraudando al fisco ni traicionando al resto de los españoles. Quiere decir que se avienen a ganar menos para ser más libres y que practican el ideal vegetativo que les atribuyó Ortega. Creo que en todas las regiones de España y en otras zonas del Mediterráneo hay gentes que intentan aplicar este ideal. Yo mismo, sin ir más lejos, preferí ser profesor y luego escritor a ser empresario, para tener más tiempo libre. Gano menos que mis compañeros de clase dentistas, pero no se puede tener todo. Los arquitectos, hasta hace 20 años, son los que mejor combinaron ocio con ganancias, ahora hay muchos en el paro.

Si hay abusos en Andalucía –el famoso PER, las peonadas- que se investiguen. Si hay compra de votos con el dinero público, que la oposición lo denuncie. Entre tanto un respeto por el ideal vegetativo y yo, personalmente, recomendaría a muchos catalanes imitarlo. No como Montilla, claro.