Hawking y Dios

Ya fue Laplace hace dos siglos quien le explicó a Napoleón que no aludía a Dios “porque no necesito de esa hipótesis en mi sistema” y era verdad porque el sistema de Laplace eran las ecuaciones que describen cómo se mueven los cuerpos celestes. Lo que pasa es que describir cómo funciona algo no es explicar de dónde ha salido. Una cosa es el manual del coche y otra es inventar el motor de explosión.

Hawking yerra cuando dice que sus ecuaciones explican la existencia del Universo. Sólo explican cómo funciona, no porque está ahí ni de dónde ha salido. Porque decir Big Bang es tan absurdo como decir de Dios. Sólo cambia la palabra.

Ciencia y religión en recelosa coexistencia siguen disputándose la interpretación de la realidad. Es evidente que deberían se complementarias porque lo que dan es diferente. La ciencia está exenta de juicios de valor: dice lo que es, no lo que debería ser. La ciencia puede ofrecer la verdad, pero no cómo usarla sabiamente.

Lo que define a la Modernidad, más allá de la “muerte de Dios” es la diferenciación de los ámbitos culturales: la separación de arte, ciencia y moral. Así como los griegos perseguían lo bueno, lo verdadero y lo bello de un modo armónico y fusionado, la Modernidad separó lo verdadero (Ciencia) de lo bueno (Religión) y de lo bello (Arte). Separa inteligencia, voluntad y sensibilidad.

La ciencia se torna materialismo racionalista y se erige en la visión del mundo dominante, la oficial y única. Rechaza lo que no se pesa ni se mide y sólo admite, como escribió Whitehead: “Una materia inerte, silenciosa, sin aroma ni color; un mero precipitarse de la materia, incesante, sin sentido”.

La ciencia estudia el mundo empírico con algoritmos conceptuales –números imaginarios, ecuaciones diferenciales, análisis tensorial- que son ideas no empíricas, inexistentes en el mundo material. A pesar de lo cual, pretende estar describiendo lo que encuentra “en la realidad” , cuando la suya es sólo un conjunto de impresiones sensoriales ordenadas e interpretadas por esos algoritmos ideales.

Se puede desdeñar la religión cuando actúa como opio de los pueblos o se aprovecha de pueriles temores a los dioses o a la muerte, pero cuando la religión se ocupa de explorar el mundo suprasensorial que la ciencia no confronta, entonces la posición intelectual honrada es respeto y colaboración.