Carla Antilapidaria

Sigo con interés y simpatía las apariciones de Carla Bruni en la prensa, sobre todo desde que una amiga francesa me contó como Carla, a los diecisiete años y en minifalda le hizo una exhibición de zapatos a Jean D’Ormesson, que acabó por los suelos. El, naturalmente.

Todos mis respetos y simpatías para esta mujer elegante, bella e inteligente que realza la presidencia francesa como no se había visto desde María Antonieta. Tras el incidente de los supuestos celos de Sarkozy durante el rodaje de Woody Allen que, por lo visto, es un liante en la realidad igual que en los personajes que interpreta, ahora Bruni es vilipendiada por los impresentables fanáticos iranís al apoyar a Sakineh Mohamadi-Ashtiani, la mujer condenada a lapidación por adulterio.

Que existan países donde se lapida a las mujeres por adúlteras como se narra en la Biblia, o sea, hace tres mil años, no tiene razón de ser. Claro que cada cual puede tener la religión que quiera, pero la católica que quemaba brujas y herejes hace doscientos años, ha dejado de hacerlo porque, al parecer, comprendió que el cristianismo se basa en el amor y la misericordia.

Del mismo modo que los musulmanes han entendido el uso de los coches y las ametralladoras que han adoptado entusiásticamente de Europa, deberían incluir en el mismo paquete las tecnologías morales de Occidente y dejar de apedrear a unos pobres desgraciados cuya única culpa es comportarse como en una película de Hollywood.

Es una desdeñable contradicción imitar a Occidente en las comodidades de la Técnica, pero obstinarse en ignorarlo en temas de ética. Yo recomendaría a los ayatolás y demás fanáticos la lectura acelerada de Voltaire para que vean que sus estúpidas lapidaciones tienen su precedente en las torturas de la Inquisición y en el caso Callas que Voltaire denunció y cambió el curso de la historia de la infamia europea. ¿A qué esperan los iranís? Pero ¿no estánfabricando la bomba atómica y aún andan con piedras? Viva Carla Bruni.