Gadafi en Roma

Siempre he sido partidario de la diferencia, no sólo por respeto a las minorías, sino también porque sin ella la vida es mucho más aburrida. ¡Más si cabe! Y en el aburrido siglo XXI no cabe desdeñar personajes como el coronel Gadafi, que se salen de la media y fomentan la diversidad cultural. Esta vez rozando el surrealismo con sus sermones a cientos de jóvenes bellas mujeres convocadas especialmente.

Esta semana llegó a Roma, instaló su tienda beduína en los jardines de la embajada de Libia y se reunió con quinientas mujeres -¡quinientas!- de veinte a treinta y cinco años para instruirlas (a todas juntas dice la cándida corresponsal) sobre el Islam. Por lo que contaron algunas, Gadafi afirmó que el Islam debería convertirse en la religión de toda Europa y fue tan convincente que tres de las asistentes se convirtieron al Islam.

Por motivos intuitivos e irracionales me cae bien el líder libio y por supuesto tiene todo el derecho a ejercer su proselitismo en un país libre como Italia. Según la noticia, la agencia de modelos y azafatas Hostessweb tuvo que trabajar a contrareloj para conseguir las 500 chicas que asistieron al seminario por 50 euros. Gadafi, que va a su bola, aterrizó con sus dos amazonas y 30 caballos bereberes. Para qué puede necesitar treinta caballos en Roma en los tiempos que corren es algo que escapará a la comprensión del común de los mortales y desde luego, yo no sabría explicárselo.

Gadafi tuvo muy mala prensa durante un tiempo por tirar cohetes donde no debía y andar con malas compañías. Últimamente ha renunciado a veleidades imperialistas hasta convertirse en un referente –atípico, desde luego- de la cultura islámica. Ya no le vemos invadiendo Granada ni pasando Roncesvalles, pero sí como un líder atípico, original, incluso inteligente y que por su rareza ocupa un lugar especial entre los líderes del mundo, mucho menos originales –en el sentido de imaginativos- que él.

En esta era de la homogeneidad y similitud que nos toca vivir, yo, personalmente agradezco la existencia de personajes auténticos y diversos como el coronel libio y me pregunto qué hará en Roma con treinta caballos bereberes.