Capri

La idea de venirse al Mediterráneo, comprarse una casa y disfrutar del clima no es de hoy, ni siquiera de ayer. Lo hizo el emperador Tiberio, que es el que vio nacer a Jesucristo hace 2010 años. Tiberio se fue  a Capri donde ya había parado Octavio Augusto a su vuelta de cargarse a Cleopatra y Marco Antonio.

Siempre que puedo paso unos días en esa isla de las sirenas que me descubrió años ha, Lucía Bosé en la casa de Piero Tozzi ante los Farallones. Pocos paisajes en el mundo más hermosos que la bahía de Nápoles, desde Posilipo a Sorrento, vista desde la casa de Axel Munthe en Anacapri. Munthe fue un médico sueco que se construyó la casa allí, iniciando un peregrinaje o exilio que incluyó a Gorki, Lenin, Oscar Wilde, Norman Douglas, Compton Mackenzie, Dolce y Gabana, incluso la Venus negra Naomi Campbell, que se tomaba con ellos un granizado de café en la “Piazzetta”.

Además de la “Historia de San Michelle” de Munthe, hay que leer “South Wind” de Norman Douglas y “Vestal Fire” de Compton Mackenzie. Ambas novelas describen a la colonia extranjera en Capri de principios de siglo y de los años treinta. Douglas tiene además el ensayo “Siren Land” que se considera – pace a Robert Biron- el libro de viajes más perfecto en lengua inglesa. En francés Peyrefitte escribió “L’Exilé de Capri” novela sobre el conde Fersen, una loca que daba fiestas en la “grotta azzurra” para  homenajear a Tiberio. Por cierto, un ensayo sobre éste en “Siren Land” demuestra que, lejos del monstruo lascivo y pederasta en que le convirtieron los padres de la iglesia, Tiberio fue un hombre sensato que estaba en Capri disfrutando del clima, como un coronel inglés retirado disfrutaría hoy de Marbella. Tiberio tuvo la mala suerte de que, en su reinado, Jesucristo fuera crucificado en Jerusalem y se le reprocha que no hiciese más por evitar ese desastre.

Pero si Tiberio hubiese indultado a Jesucristo ¿qué sería de la santa misa? La habrían quitado ya, como las corridas de toros, que son su equivalente mítico.