Lula y Persia

Gran noticia que el mundo vuelva a ser multilateral, pero no con el tercer mundo endeble de la guerra fría, sino con países pujantes como lo son ahora -que no entonces- Brasil y Turquía. Cuando el Pandit Nehru se alió con Nasser, Sujarto y demás tercermundistas, esos países no tenían fuerza económica y menos aún la militar que se deriva de la primera. Tenían voz pero no para influir en las dos grandes potencias América y Rusia. El escenario ha cambiado.

Lula representa a un país que en diez años ha dado un enorme salto, yo diría que Brasil ya realizó el “take-off”, para seguir los estadios de desarrollo de la teoría de Rostov y es un país desarrollado, como lo demuestra la existencia de una nutrida clase media. Conozco bien Brasil y soy consciente de la economía dual o centro-periferia, para usar el concepto de su ilustre economista Celso Furtado, que aún subsiste allí. Pero eso es parte inevitable del proceso de desarrollo. Al principio, la población se va a concentrar en ciudades para luego dispersarse otra vez por áreas metropolitanas y ciudades región.

Lula está sacando partido al prestigio que le da un Brasil que encuentra petróleo, que inventa el bio-diesel, que lleva los coches con combustibles alternativos a la gasolina, que exporta materias primas en cantidad y que construye “shopping-centers” por doquier para la incipiente clase media. Brasil es un caso de desarrollo económico de libro y su dinámica no ha sido afectada por la crisis “mundial”, que no lo es del todo.

Turquía no es Estambul pero casi. Porque si lo fuera estaría en un alto nivel de desarrollo. Su papel en el futuro se perfila como país de transmisión entre Europa y Oriente. Para entendernos, Turkish Airlines vuela de Madrid o Barcelona a Delhi. Ya fue el papel del Imperio Otomano ordenar las tierras de Oriente Medio y comunicarlas con China e India. La Ruta de la Seda acababa en puertos del imperio otomano. Las portugueses le dieron la vuelta por África, pero hoy día la aviación vuelve a usar los puntos estratégicos históricos.

Que Lula y Erdogan medien entre Persia y Occidente es tan buena noticia porque no sólo reaviva una constante histórica, sino también porque evita la resurrección del unilateralismo yanqui neocon, que satanás confunda.