Las lágrimas de los niños del Shakhtar Donetsk 'atrapados' en Croacia

El club los sacó de Ucrania en autobuses y ahora pueden seguir jugando al fútbol, muchos de ellos alejados de sus familias; 'The New York Times' ha recogido sus historias

los niños del Shakhtar Donetsk

Shakhtar Donetsklos niños del Shakhtar Donetsk

El fútbol paró en Ucrania el 24 de febrero tras la invasión rusa. La liga fue suspendida por la imposición de la ley marcial y no se pudo reanudar tras el parón invernal, con el Shakhtar Donetsk y el Dinamo Kiev jugándose el título. Pero más allá de esta situación, que trastocó la vida de un buen puñado de futbolistas profesionales, un grupo de niños y adolescentes sufrieron una situación similar, agravada por el hecho de ser menores y estar en el 'exilio', alejados de sus seres queridos.

El Shakhtar vive en un drama perpetuo, como el resto de clubes ucranianos, desde que Rusia invadió Ucrania, aunque en el caso de esta entidad es mayor por la historia que le precede, con cambios de sedes continuos. Al caos por la situación de la guerra y de los futbolistas, se sumó a principios de marzo la muerte de un entrenador de sus equipos juveniles. Lo ocurrido provocó que el director ejecutivo de dicho club, Sergei Palkin, pidiese el fin de la guerra a través de Facebook. "Cada uno de ustedes será culpable", escribió Palkin en dicha red social en referencia a los ciudadanos rusos. "Rusia, estás matando ucranianos. ¡Detén esta locura! ¡No te calles, di que no!”, sentenció, posicionando del lado de Kiev a un club estrechamente ligado a la cultura industrializada y rusificada de Ucrania de la Cuenca del Donetsk, de la que ya tuvo que huir tras estallar en 2014 el conflicto en el este del país. Desde entonces ha jugado en Kiev, en Leópolis y en Járkov, lejos de casa.

Y es que, en las categorías infantiles y juveniles del Shakhtar llevan meses viviendo el drama de la guerra desde Split, la ciudad croata que ha acogido a los chicos y donde el equipo local, el Hajduk Split, les ha ofrecido un campo en el que entrenarse. Tal y como recoge 'The New York Times', uno de los mejores equipos juveniles, de entre 13 y 14 años, ha ganado recientemente un torneo de fútbol que se disputó en la ciudad.

Tras el triunfo, cuando recogieron las medallas, los niños comenzaron a llorar. Algunos estaban junto a sus madres, pero otros simplemente no tenían a nadie al lado.

Después de la invasión rusa, los empleados del Shakhtar se movieron rápido para evacuar a sus equipos fuera de las zonas de peligro. Los jugadores extranjeros del primer equipo, sus cracks, con sus familias, salieron rápido y se les permitió fichar por otros equipos. Por ejemplo, el brasileño Vinicius Tobías llegó cedido al Real Madrid, con una opción de compra, aunque de momento juega con el Castilla.

Mientras, los jugadores y entrenadores ucranianos en edad militar tuvieron permiso especial para dejar Ucrania y aterrizar en Turquía. Allí se han preparado para seguir compitiendo y han disputado partidos amistosos.

"Una pesadilla"

La situación fue algo diferente para los juveniles y miembros del personal de la academia del Shakhtar que también necesitaban refugio, aunque el club siempre actuó con contundencia. La entidad hizo los trámites relativamente rápido y se organizaron autobuses para salir con los chicos del país. El problema es que solo una docena de madres pudieron acompañarles.

“Es una pesadilla”, asegura el portugués Edgar Cardoso, que dirige los equipos juveniles del Shakhtar.

Con equipos como el FC Barcelona y el Bayern de Múnich captando a los jóvenes más talentosos del club ucraniano y con la regla que permite a los jugadores que huyen de la guerra unirse a otros equipos alargada hasta el verano de 2023, los conjuntos juveniles se han quedado en cuadro.

Cardoso, dentro de sus posibilidades, intenta dar normalidad a la anormalidad. Y es que, faltan entrenadores, médicos y analistas, que hacían del Shakhtar una de las mejores canteras.

En la base de Split una preparadora física se ocupa de todos los chicos. Uno de los administradores del equipo, un exjugador que ahora tiene 60 años, ayuda a realizar las sesiones de entrenamiento diarias. Incluso las madres arriman el hombro ayudando a colocar los conos, supervisando los horarios de las comidas o acompañando a los niños de excursión a la playa.

Junto con Cardoso, Ekateryna Afanasenko, es la otra referencia de los jóvenes. Afanasenko trabajaba en el departamento de recursos humanos del Shakhtar en 2014 cuando estalló el conflicto en el Donbás y trasladó a los jóvenes a Kiev. Allí superviso su educación y las instalaciones en las que vivirían.

Ahora en Split, las responsabilidades tanto de Afanasenko como de Cardoso han crecido hasta tal punto que Afanasenko asegura que son "como una madre y un padre” para los chavales.

Ahora, el Shakhtar intenta reunir a los niños con sus familiares, aunque sea por unas semanas, ahora que la situación en algunas partes de Ucrania está más 'tranquila'.

En el campo que tiene disponible, Cardoso hace malabares. Tiene cuatro grupos y realiza dos sesiones simultáneamente. Mientras unos entrenan, otros se desplazan en autobús desde su hotel hacía las instalaciones.

Sin embargo, tal y como cuenta 'The New York Times', un aire de incertidumbre lo invade todo. “No soy un tipo que mienta y muestre demasiado optimismo y diga cosas como, 'No se preocupen, volveremos pronto'”, subraya Cardoso. “Trato de ser realista”, incide.

El objetivo, más allá de los problemas, es reunir a los chicos con sus familias tan pronto como sea posible. Hasta entonces, por desgracia, seguirá habiendo lágrimas.

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