MUNDIAL DE QATAR 2022

La otra cara del Mundial de Qatar: 6.500 muertos, esclavitud y toneladas de CO2

Más de 6.000 trabajadores de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh o Sri Lanka habrían muerto en Qatar en diez años, según denuncia 'The Guardian'

En la imagen, obreros trabajan en un edificio en construcción para el Mundial de Qatar

EFEEn la imagen, obreros trabajan en un edificio en construcción para el Mundial de Qatar

Qatar es un pequeño país, con menos de tres millones de personas de los que un 80 % son extranjeros, que en unos días acogerá el Mundial de fútbol, el torneo más polémico de los últimos años por la elección del país como sede: las condiciones laborales de los trabajadores durante la construcción de los estadios y las infraestructuras, la igualdad entre hombres y mujeres o la censura a la comunidad LGTBI han situado al país en el punto de mira. Esta es la otra cara del Mundial: esclavitud en el mercado laboral, más de 6.000 muertos durante la construcción de las megaestructuras y toneladas de CO2.

Mejoras en el mercado laboral

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) ha detectado mejoras en el mercado laboral de Qatar en estos últimos años, pero cree que aún siguen siendo insuficientes para que los trabajadores puedan, por ejemplo, reclamar impagos de forma generalizada o ganar libertad a la hora de cambiar de empleo, especialmente cuando se trata de personal extranjero.

La OIT, que colabora con las autoridades qataríes desde 2018, ha reconocido que muchos trabajadores migrantes siguen teniendo trabas para cambiar de trabajo por la estricta aplicación de un sistema de patrocinio o 'kafala' que prácticamente ata al empleado con su empleador, lo que "crea oportunidades para la explotación y el trabajo forzado".

La agencia aspira a que "todos los trabajadores y empleados" puedan beneficiarse de las reformas sobre movilidad laboral en el sistema 'kafala', para lo cual se ha comprometido a seguir colaborando en el futuro con las autoridades locales y supervisar la evolución de unas reformas reclamadas de forma insistente por las organizaciones defensores de los Derechos Humanos.

El Ministerio de Trabajo de Qatar ha aprobado en dos años unos 350.000 cambios de empleo, insuficientes a ojos de los analistas internacionales, que han vuelto a poner el foco en Qatar en un momento clave por la inminente celebración del Mundial de fútbol, que arranca este mismo mes.

Los trabajadores foráneos tampoco tienen derecho a sindicarse, si bien en estos últimos años se habrían favorecido la creación de comités de enlace entre empleados y empresas que, por ahora, se extienden a más de 70 empresas con más de 40.000 empleados en total.

Fundación para la Democracia Internacional asegura en un informe que los trabajadores han estado obligados a trabajar entre 16 y 18 horas diarias, 7 días a la semana, realizando tareas al aire libre y soportando temperaturas que alcanzan los 50 grados.

Esclavitud en la construcción de las infraestructuras

Alrededor de 6.500 trabajadores procedentes de India, Pakistán, Nepal, Bangladesh o Sri Lanka habrían muerto en Qatar en diez años, cuando el país comenzó a prepararse para acoger el Mundial, según el diario The Guardian.

La Fundación para la Democracia Internacional ha denunciado la esclavitud en la construcción de los estadios para el Mundial de Qatar. En uno de sus últimos informes, la Fundación subrayaba que habrían fallecido 12 personas por semana desde el 2010.

La ONG Human Right Watch ha exigido a los patrocinadores del Mundial y a los socios corporativos de la FIFA para que presione al Gobierno de Qatar para que compensen a las familias de los migrantes muertos o heridos durante la preparación del evento deportivo.

El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional ha pedido al Gobierno de Qatar que investigara las muertes. Sin embargo, las autoridades del país no cuestionaron el número de fallecimientos, que sin embargo consideraron proporcionados respecto al tamaño de la fuerza laboral migrante.

¿Un Mundial sostenible?

La península de Qatar es una superficie de 11.500 kilómetros cuadrados formados por islas, áreas protegidas, 563 kilómetros lineales de costa y desierto, con unos 1.800 kilómetros cuadrados de dunas blancas. Su clima es desértico pero en el invierno, cuando se disputa el Mundial, es moderado con temperaturas entre los 15 y los 30 grados centígrados.

Debido a estas temperaturas, y que las obras son realmente faraónicas, siete de los ocho estadios tendrán un sistema de refrigeración que llevará la temperatura a 22 grados: el evento generará 3,6 millones de toneladas equivalentes de CO2, contra los 2,1 millones durante la última edición en Rusia en 2018, según un informe de la FIFA.

Según Carbon Market Watch, la huella de carbono que queda tras la construcción de los estadios podría ser ocho veces superior. La organización cuestiona además que las megaconstrucciones vayan a ser utilizadas después del Mundial en un país con menos de tres millones de habitantes.

Discriminación y poca diversidad

Qatar es un país con normas culturales y religiosas que rozan la violación de los derechos humanos. En general, se recomienda vestir cubriendo los hombros y que los pantalones lleguen por debajo de las rodillas, está restringido el consumo del alcohol, no son bien vistas las muestras de afecto entre parejas y es mejor no quedarse mirando a la gente o fotografiarla sin permiso. Escupir en la calle o tirar basura al suelo está sancionado y hay tolerancia cero con las drogas.

Más allá de estas 'normas', hay cuestiones muy graves como que  la homosexualidad sigue siendo un delito en el  país, donde ni siquiera se permite a personas homosexuales poder donar sangre o se pide a los aficionados al fútbol que eviten las muestras de afecto en los estadios durante el Mundial.