Comunicación

La salida a cámara lenta de Paolo Vasile

El consejero delegado de Mediaset dejará un hueco difícil de cubrir; su sustituto tendrá que idear un modelo alternativo sin perder de vista las nuevas formas de consumo que se han implantado en la audiencia

Paolo Vasile

EFEPaolo Vasile

Hace tres años Paolo Vasile ya tenía claro que iba siendo hora de volver a Italia y dejar de volar todos los viernes para pasar el fin de semana con su familia. Así vive desde que aceptara el puesto de CEO de Mediaset, en 1999. Comunicó a su empresa la decisión que le iba rondando por la cabeza, pero las cosas no son tan fáciles, mucho menos cuando nos asola una pandemia.

No era el momento de irse. Ahora cuando ha saltado la bomba a través de una noticia publicada por el diario El Mundo, el rumor se ha hecho realidad. Un rumor que era más que un secreto a voces. No a través de un cese inminente, como informaba el diario, sino porque ya tocaba. En 2023 Vasile cumplirá 70 años, igual es que ya va siendo hora de dejar paso a savia más joven.

Si desde hace tres años, el runrún repiqueteaba por los mentideros, lo cierto es que rechinó más alto cuando el pasado mes de julio Media For Europe (MFE), la empresa de Silvio Berlusconi, se hiciera con el 82,92% del capital y los derechos de voto de Mediaset España. Todo tras haber cerrado con éxito la oferta pública de adquisición (OPA) lanzada por el 44,31% que no controlaba. Desde entonces, sonaba el mes de febrero como fecha final. Así lo ha confirmado el propio Vasile tras el tsunami de su supuesto cese.

Vasile se irá cuando presente las cuentas. Como reza el comunicado que envió MFE para desmentir la noticia, "no hay cese de Paolo Vasile como consejero delegado de Mediaset España", "los resultados obtenidos por Vasile en 23 años son únicos y extraordinarios".

Con la futura salida de Vasile, que parece será a cámara lenta, finaliza una etapa en la televisión privada española. Sin duda habrá un antes y un después de su mandato.

Paolo Vasile dejará el timón del barco justo en uno de los peores momentos, cuando la cadena de Fuencarral se encuentra sumida en una crisis de audiencia y, lo que es peor, en una crisis reputacional que obligará a los nuevos mandos a reflotar el barco que actualmente navega a la deriva. Ahora bien, en cuestión de números, terminará el ejercicio, de nuevo, con beneficios. "Cierro la cuenta y me voy", ha confesado el consejero delegado del grupo, remarcando también: "Es rotundamente falso que me hayan despedido".

Un hueco difícil de cubrir

El día que se vaya Vasile, el hombre que más poder ha detentado en una televisión privada, dejará un hueco difícil de cubrir. El hombre que desde 1999 se sienta en el despacho del CEO ha manejado todos los hilos de la cadena de la antigua margarita.

Explora audiencias antes de que salga el sol, presenta balances económicos de grandes beneficios (todavía pude presumir de ser la cadena que más rentabilidad tiene, lo que no cuenta es que esa rentabilidad crece en detrimento de la calidad), controla los egos de su tropa y sostiene que la televisión es un soporte publicitario con contenido. Para Vasile la televisión es como Dios, está en todas partes y en todo. Considera que es la única medicina contra la soledad.

Durante todos estos años no se ha movido ni un alma sin que el gran capo lo supiera. Ha ensalzado y desdeñado presentadores, los ha quitado y recolocado a su antojo, ha dado el visto bueno a programas, ha cortado cabezas en los informativos, en sus productoras de cabecera. Cualquier paso que se haya dado en Fuencarral siempre ha sido bajo su control.

Personaje esquivo para las entrevistas, ha concedido muy pocas, porque en el fondo, "no se fía de los periodistas". Ha dirigido Mediaset custodiado por una pequeña guardia pretoriana capaz de adelantarse a sus deseos.

Vasile aterrizó en Mediaset protegido por Berlusconi. Llegó a España para sustituir en el cargo a Maurizio Carlotti (otro consejero delegado cuya salida estuvo años en el candelero, hasta que por fin se hizo realidad).

Durante su mandato, la cadena logró sus mejores datos de audiencia, impulsó los formatos de telerrealidad con 'Gran Hermano' como pendón y 'Supervivientes' como punta de lanza de un estilo que ha terminado por fagocitar a toda la programación.

Telecinco puede presumir de haber sido la televisión más vista entre 2004 y 2008 y entre 2012 y 2021, además fue líder de audiencia durante 37 meses consecutivos. Nada es eterno.

'Pasapalabra', clave en la crisis

La debacle comenzó cuando Vasile dejó salir de Fuencarral el programa 'Pasapalabra' por un conflicto de propiedad intelectual. En 2019 el Tribunal Supremo obligó a Telecinco a cancelarlo o pagar derechos a la creadora. La desaparición de 'Pasapalabra' dio un vuelco a la segunda edición de los informativos. El de Piqueras en Telecinco pasó de superar el 20% a quedarse en el 12% de cuota de pantalla, mientras que el de Vicente Vallés en Antena 3 cambió de manera inversamente proporcional.

'Pasapalabra', el informativo y 'El hormiguero' pasaron a ser la milla de oro de la cadena de San Sebastián de los Reyes, el triunvirato del éxito.

Así, el dominio de Telecinco se esfumó en la temporada 2021/2022. En agosto de 2021 se produjo el sorpasso. Antena 3 logró un empate técnico y de ahí a la primera posición todo ha sido uno. Desde entonces, la parrilla de Telecinco va dando muestras de cansancio, bandazos que confunden al espectador, con fracasos descomunales como la emisión de 'En el nombre de Rocío' o 'Pesadilla en el paraíso'. La salida de Vasile siempre ha sido una realidad, pero nunca la matriz italiana, dirigida por el hijo de Berlusconi, se planteó provocar un cisma de semejante tamaño como el que insinuó El Mundo.

El sucesor de Vasile, consciente de la crisis que vive la televisión en abierto cuyo consumo, según el informe de Barlovento de la temporada 2021/2022, ha caído a mínimos históricos con una media de 203 minutos al día, tendrá que idear un modelo alternativo sin perder de vista las nuevas formas de consumo que se han implantado en la audiencia. Las plataformas de streaming ya pueden presumir de tener una media de 33 minutos por persona. Mientras la televisión tradicional decae (sus audiencias cada vez son más bajas), las plataformas suben, poco a poco, pero crecen.