CULTURA

Marilyn Monroe, 60 años después de su muerte

Fue una especie de estallido sexual, un trampantojo de color platino, el epítome del deseo universal que vivió una insistente dualidad entre la imagen que proyectaba la artista y su verdadera esencia. El 5 de agosto se cumplen 60 años de su fallecimiento.

Marilyn Monroe

EVERETT / GTRESMarilyn Monroe

"Una mujer inteligente besa, pero no ama; escucha, pero no cree, y se va antes de que la dejen" (Marilyn Monroe)

Fue una especie de estallido sexual, un trampantojo de color platino, el epítome del deseo universal. Marilyn Monroe fue la meta, la línea de llegada de ellos y, por qué no, también de ellas. Si los hombres soñaban con tener algo con esa bomba carnal para tocar el cielo, las mujeres aspiraban a ser como aquella adorable criatura. Creían, ilusas, que conseguirlo sería lo más parecido a que les acariciaran con las manos del cielo. Lo que nunca supieron es que Marilyn Monroe nunca existió, salvo en su imaginación y en las pantallas de cine. Ella siempre quiso ser Norma Jeane, amante esposa y mejor madre cuyas cenizas, llegada la hora, debieran ser “arrojadas al agua por uno de sus hijos”, como le confesó a su gran amigo Truman Capote. No pudo ser. Marilyn Monroe devoró a Norma Jeane Baker en 1946 cuando adoptó el nombre artístico por el que será recordada para siempre.

Nacida el 1 de junio de 1926, como buena géminis, su vida fue una constante esquizofrenia, una insistente dualidad entre la imagen que proyectaba la artista y su verdadera esencia, esa que albergaba una infancia de mierda, una virgen pubescente que creció de orfanato en orfanato, violada por uno de sus tutores y por su hermano adoptivo, siempre menospreciada, en definitiva, un alma rota desde la infancia que sobrevivió 36 años llorando en solitario sus carencias afectivas.

Es verdad que Marilyn se consagró gracias a su trabajo en comedias tontas para caballeros no tan tontos, esos que también las preferían rubias. Hizo de la corista sexy su interpretación más emblemática. Lo cierto es que su naturaleza de eterno mito carnal fue culpa de Billy Wilder, nada tuvo que ver con su talento interpretativo que lo tenía. En La tentación vive arriba (1955), el director polaco levantó su falda tirando de una ráfaga de aire subterráneo y con ella logró un éxito de taquilla que a la actriz le costó el divorcio de su segundo matrimonio. Enfermo de celos, Joe Di Maggio no pudo soportar aquello de cohabitar con una bomba sexual.

El mayor conflicto vital de Marilyn Monroe fue que bajo ese frívolo artificio jamás residió una rubia tonta. Tenía un cociente intelectual de 165 puntos, 5 por encima del de Einstein, pero nadie en la meca del cine lo valoró como tampoco fueron capaces de apreciar el cerebro de Hedy Lamarr, la actriz austriaca que prestó su rostro a Blancanieves en el cine y a Catwoman en el cómic, la inventora del wifi. Como escribió Arthur Miller, su tercer marido, “siempre la trataron como una puta que no sabía actuar”. Nada más lejos de la realidad. Prueba de ello fue su obsesión por convertirse en una actriz respetada que la llevó a matricularse en el Actor’s Studio de Lee Strasberg, el templo por donde pasaron los grandes actores y actrices de la época.

Amante de la literatura, en febrero de 1951 se inscribió en las clases nocturnas de arte y literatura de la Universidad de California. Vivía rodeada de libros y entre sus escritores favoritos estaban Shakespeare, Proust y Joyce.

Arthur Miller, su marido desde 1956 a 1961, en su autobiografía titulada Vueltas al tiempo escribió: "Para haber sobrevivido, ella tendría que haber sido mucho más cínica o haber estado mucho más lejos de la realidad de lo que estaba. Pero no, ella era una poeta en una esquina tratando de recitar entre una multitud que le arrancaba la ropa”.

Marilyn Monroe trabajó con los más grandes, John Houston, Mankiewicz, Howard Hawks, Preminger, Bette Davis, Ane Baxter, Cary Grant, Ginger Rogers, Lauren Bacall, entre tantos otros. Su filmografía rezuma clásicos como La jungla de asfalto, Los caballeros las prefieren rubias, Cómo casarse con un millonario, Niágara, Río sin retorno, La tentación vive arriba, Bus stop, Con faldas y a lo loco, Vidas rebeldes y así hasta una treintena de títulos.

Cansada de que la encasillaran siempre en los viejos roles sexuales, se enfrentó a la dictadura de los grandes estudios, huyó de Hollywood a la Costa Este. Allí se asoció con su gran amigo el fotógrafo Milton H. Greene y juntos fundaron su propia productora, Marilyn Monroe Productions (MMP). En Manhattan reemplazó a su antigua entrenadora de actuación, Natasha Lytess, por las clases de Paula Strasberg. Desde ese mismo instante, el matrimonio Strasberg se convirtió en una gran influencia durante el resto de su carrera. Fueron ellos los que la incitaron a probar sesiones de psicoanálisis. El director del Actor’s Studios consideraba que un actor debe enfrentar sus traumas emocionales y usarlos en sus actuaciones.

Los hombres de Marilyn

Marilyn Monroe tuvo a sus pies a todos los hombres de Hollywood y parece que a alguna mujer también. Cuentan que vivió una noche de pasión con Joan Crawford. Ninguno llegó a traspasar los límites del icono, todos se acostaban con Marilyn y se despertaban con Norma Jean, un animal herido que tapó sus carencias afectivas con relaciones tóxicas.

El 19 de junio de 1942, con solo 16 años, Marilyn se casó con su vecino James Dougherty para evitar una nueva adopción. Un año después, el agente de policía se unió a la marina, ella se sintió abandonada de nuevo y le pidió el divorcio.

Si hubo un hombre que la quiso incondicionalmente ese fue Joe DiMaggio, su segundo marido. El exjugador de béisbol amó a la actriz durante toda su vida aunque su matrimonio durase tan solo 274 días.

Se conocieron en 1952 cuando el deportista (un héroe de los Yankees de Nueva York) le pidió a un amigo en común que concertara una cita con ella tras ver sus películas. Marilyn estaba en pleno ascenso profesional y accedió a cenar con él a regañadientes puesto que estaba convencida de que el hombre sería un arrogante. La cita fue un éxito y la pareja continuó su romance escondiéndose de la prensa durante más de un año hasta que el 14 de enero de 1954 se casaron en secreto. O no tan secreto. La idea era hacerlo a espaldas de los paparazzi, pero Marilyn confesó sus planes a alguien del estudio y éste lo filtró a la prensa. Así, al llegar al Ayuntamiento de San Francisco se toparon con una marabunta de fotógrafos que los estaba esperando.

La pareja fascinó a los estadounidenses. Sin embargo, DiMaggio, consumido por unos celos enfermizos, no soportó la idea de convivir con el sex symbol de América, llegó incluso a presentarse en el set de rodaje de La tentación vive arriba para interrumpir la escena del metro. Se separaron a los nueve meses, pero mantuvieron siempre una gran amistad. El 8 de agosto de 1962, él fue uno de los asistentes al funeral de la actriz en el Westwood Village Memorial Park Cemetery de Los Ángeles. Corrió con todos los gastos y, deshecho en lágrimas, se inclinó sobre el ataúd de Marilyn donde susurró tres veces “te quiero”.

Marilyn Monroe y Arthur Miller se conocieron en uno de tantos saraos de Hollywood. En un momento de la fiesta, Elia Kazan le pidió a Miller si podía entretener a "su chica", ya que quería atender un compromiso con otra actriz que rondaba por el lugar. Arthur accedió, no todos los días se puede hablar con un ícono sexual. Contra todo pronóstico saltó la chispa entre el escritor y la corista. Ella quedó encantada con ese hombre que parecía "el paladín de los perdidos y los heridos". Él apeló a sus dotes de bailarín y la invitó a bailar. Marilyn no pudo parar de reír en sus brazos. Si un hombre es capaz de hacerte reír resulta imposible alejarlo de tu vera.

Durante cinco años Arthur y Marilyn tuvieron algunos encuentros ocasionales que se hicieron cada vez más frecuentes. Ella ya era la diosa de Hollywood, pero también la actriz en continuo conflicto. La mujer que, en menos de dos años, se había enamorado, casado, peleado, reconciliado y divorciado de una estrella de béisbol. Cuando el romance transcendió, los estadounidenses no daban crédito. Su diva se había enamorado del escritor ácido que cuestionaba el status quo, el intelectual acusado de comunista por la caza de brujas que había destapado su examigo Elia Kazan y que capitaneaba el senador Joseph McCarthy. “Es la primera vez que estoy realmente enamorada. Arthur es un hombre serio, pero tiene un sentido del humor maravilloso. Estoy loca por él". La pareja anunció su compromiso en las puertas de su domicilio en Nueva York, ante una multitud de periodistas.

El matrimonio Miller se mudó a Long Island con la intención de tener familia, pero Marilyn sufrió un aborto espontáneo en agosto de 1957. Al contrario que DiMaggio, Miller apoyó a su mujer en sus proyectos profesionales. Durante esta época de supuesto entendimiento, Marilyn aceptó el papel de Con faldas y a lo loco, trabajo por el que recibiría el Globo de Oro a mejor actriz. El escritor llegó a reescribir el guion de El multimillonario para cumplir los deseos Marilyn y escribió para ella Vidas rebeldes. El matrimonio se rompió el día que la actriz leyó en el diario de Miller que se “sentía defraudado porque pensaba que se había casado con una mujer y no era más que una niña”. El divorcio llegó en enero de 1961.

Ningún biógrafo serio puede mantener la existencia de un romance entre Marilyn y Kennedy. Lo único que podemos decir con certeza es que la actriz y el presidente se han reunido cuatro veces, entre octubre de 1961 y agosto de 1962". Así lo afirma tajantemente Donald Spotto, biógrafo de Norma Jeane Baker, la mujer que se ocultaba bajo la máscara de Marilyn Monroe.

El caso es que todo el mundo sabe que entre el presidente y la actriz surgió un tórrido romance en el que ella fue la pieza más débil. Su relación no se confirmó oficialmente hasta los años 70, cuando se destapó también su otro affair con Robert Kennedy, el benjamín de la familia.

El 19 de mayo de 1962, Marilyn Monroe subió por sorpresa al escenario del Madison Square Garden enfundada en un vestido semitransparente de gasa de seda rosa, decorado con 2.500 aplicaciones de cristales, el mismo en el que se enfundó Kim Kardashian en la última gala del Met. La actriz se acercó tambaleando al micrófono y entonó lascivamente un inolvidable Happy birthday Mr. President dedicado a John Kennedy, que contemplaba pasmado la escena desde su butaca de primera fila. Aquella fue su última imagen pública.

¿Suicidio o asesinato?

El 5 de agosto de 1962, a las 04.55 de la madrugada, el jefe del departamento policial de Los Ángeles, Jack Clemmons, recibió una extraña llamada. El doctor Greenson, psiquiatra de Marilyn Monroe, le confesaba que la actriz había muerto. Clemmons fue el primero en llegar a la casa de Marilyn y allí se topó con grandes inconsistencias en los testimonios de los dos médicos y el ama de llaves. Marilyn llevaba muerta más horas de las que decían, la habitación parecía arreglada, habían cambiado las sábanas y el cuerpo había sido movido. Sobre la mesilla no había ni un vaso con el que la actriz pudiera haber ingerido las pastillas, hecho que el oficial de Policía recalcó a los doctores. Vaso que aparecería más tarde de manera inexplicable antes de la llegada de los forenses.

Se sospecha que no se suicidó, su muerte pudo haber sido un intento de cubrir el romance que mantenía con Robert F. Kennedy. Con su muerte Marilyn Monroe dejó un expediente sin resolver. Lo que ocurrió exactamente aquella la noche es una incógnita que lleva 60 años sin resolverse, 60 años sin Marilyn. La actriz hizo mutis por el foro con solo 36 años. Marilyn murió, pero no desapareció, como escribió Cabrera Infante: “Nadie llora ya a Marilyn Monroe, excepto tal vez Joe DiMaggio, pero todos la evocamos, como la luna de ayer”.

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