Persiguiendo un diamante, de Lauren Weisberger

39751_1_PersiguiendoundiamanteToda una declaración de intenciones

Las novelas femeninas se han reciclado, de eso no hay duda. Como tampoco podemos negar que las novelas escritas por y para mujeres dominan gran parte de las listas de los libros más vendidos. Escritoras hay muchas y todas ellas han contribuido a marcar un estilo. Si las heroínas cotidianas de Corín Tellado eran madres, novias, criadas, secretarias... que sufrían de manera abnegada, las mujeres de los best-seller actuales son más neuróticas que otra cosa. Donde antes había un romanticismo exaltado, ahora hay cinismo e ironía. Del ámbito privado del hogar, las mujeres han pasado a un medio mucho más público: el de los bares, los clubes de moda, las reuniones sociales e incluso las empresas. La maternidad, que antes era un hecho tangible en los libros, ahora es tan solo un deseo abstracto a largo plazo. Las novelas femeninas han cambiado, eso es cierto.

Toda una declaración de intenciones


Dentro del universo femenino se han producido modificaciones increíbles respecto a los modos, maneras y anhelos personales. La literatura no ha hecho más que respetar la ley de la evolución. Reciclarse o morir en el ostracismo. Costumbres, religión, valores, organización social, lenguaje, leyes... todo ha de ser procesado a la luz de esos cambios, para una correcta adaptación al medio en el que los best-sellers se desarrollan hoy en día. Los precedentes los encontramos en éxitos de ventas como Sexo en Nueva York de Candande Bushnell, El diario de Bridget Jones de Helen Fielding, Postdata:Te quiero de Cecilia Ahern o las últimas publicaciones de Nora Roberos o Marian Keyes. Las heroínas clásicas de Jane Austen, que tanta importancia daban al matrimonio y a la monogamia, siguen estando entre nosotras, no nos engañemos... solo que con unas capas de pintura y unos cuantos añadidos extra. Reciclarse o morir, lo que decimos.
Otra de las autoras punteras de la nueva narrativa femenina es Lauren Weisberger, cuya primera publicación, El diablo se viste de Prada, se convirtió en un sonado éxito de ventas, e incluso fue adaptado a la gran pantalla de la mano de Meryl Streep y Anne Hathaway. Es más, la novela fue comercializada en más de 31 países y se mantuvo seis meses en las listas de "superventas" del New York Times. Weisberger, como las demás autoras de su generación, responde al estereotipo de la mujer anglosajona de mediana edad, universitaria culta y profesional de éxito. Su experiencia como ayudante de Anne Wintour en Vogue le valió un best-seller. Su tercer libro, Persiguiendo un diamante, intenta hacer tres cuartos de lo mismo. ¿Lo conseguirá? Bueno, yo no he leído El diablo se viste de Prada, pero me he tragado unas cuantas novelas del tipo "somos mujeres-somos independientes-queremos un marido". Tras la lectura del libro puedo asegurar que Weisberger ha aplicado la fórmula del éxito con tanta frialdad, que hasta da miedo.

Adaptación para el cine de El diablo se viste de Prada


Como hemos mencionado al principio, el hecho de que el escenario se desplace y las mujeres se conviertan en profesionales liberadas, no resta un ápice del conservadurismo tradicional. Solo que en apariencia no se nota (solo en apariencia), tan ocupadas como están las heroínas, sazonando sus vidas con otros problemillas menores, que en un momento u otro pasarán a segundo término. En ese sentido, Persiguiendo un diamante es, por lo menos, franco en su propuesta: todas queremos un hombre. O varios. Así, la autora nos introduce en la vida de tres féminas en la treintena que lo tienen todo: son atractivas, inteligentes, trabajadoras e incluso puede que ricas. Leigh es la neurótica, con un trabajo, un apartamento y un marido perfectos. Pero no es feliz. Emmy es la virginal, destrozada después de que su novio Duncan la deje por una jovencita de veintipocos (toda una humillación para una de treinta, según los códigos). La tercera en cuestión es Adriana, la devorahombres, la niña pija y rica, la exhuberante.
En una noche de borrachera, las tres deciden cambiar sus vidas. Hacen una apuesta: Emmy se convertirá en un "zorrón", Adriana intentará dejar de lado su vida promiscua y conseguir marido (y un anillo de diamantes), mientras que Leigh no sabe muy bien qué hacer hasta que se enamora de un atractivo chico malo, Jesse. Tanto la forma como el fondo siguen las mismas pautas que toda novela femenina y moderna. En primer lugar, hay una falta explícita de sentimentalismo, un paisaje urbano y cosmopolita, hay humor, hay cinismo y hay personajes estancos. Es decir, hombres y mujeres incapaces de evolucionar, de mostrar matices. En el caso de los personajes masculinos, este estancamiento es más que evidente... es lacerante. Los hombres se ven reducidos a un doble estereotipo: el del tipo con miedo al compromiso, irresponsable e infantil (al que hay que evitar) y el del tipo amable, caballeroso, tierno y responsable (con el que hay que casarse).
La novela empieza y acaba con una cena entre amigas en un exclusivo restaurante. O lo que es lo mismo, entendemos que la vida de las mujeres pobres no interesa mucho. En este sentido, Weisberger prefiere continuar la línea frívola abierta por Candance Bushnell y sus superficiales reuniones sociales, antes que lanzarse al humor esperpéntico de Bridget Jones.

Bridget Jones, un modelo un tanto diferente


Persiguiendo un diamante es pura literatura de evasión. De la misma manera que la muñeca Barbie personifica la mujer que toda niña querría ser (y que nunca podrá), Lauren Weisberger nos muestra una vida irreal e idealizada: la de los viajes, los lujos, los restaurantes, el éxito profesional, los hombres guapos, la aventura... una vida que difícilmente puede catalogarse como accesible, sino que responde al estereotipo que viene bombardeando a las mujeres desde hace unos cuantos años. No basta con lo que tienes, debes de conseguirlo todo. Y por todo se entiende todo, como Adriana, Leigh y Emmy. Diamantes, bolsos, trabajos, hombres y belleza.Y si puedes, mejor vivir en Nueva York. Pues menudo estrés.