La BBC cumple 100 años envidiada en el mundo y cuestionada en casa

La compañía, que este martes cumple un siglo, trabaja con 40 idiomas diferentes, gestiona ocho canales nacionales de televisión, más de 50 emisoras de radio y la web de noticias más visitada del mundo

Sede central de la BBC

EFESede central de la BBC

“La BBC debe liderar, no seguir a sus oyentes, pero no debe liderarlos desde una distancia tan lejana que éstos decidan dejar de seguirla”. La declaración de intenciones de John Reith, primer director de la BBC, está a punto de cumplir 100 años, los mismos que celebrará el servicio de televisión, radio y contenido multimedia del Reino Unido el próximo 18 de octubre.

La joya de la corona británica, el gran símbolo del Reino Unido (por detrás de Isabel II y delante de Carlos III) comenzó su andadura únicamente como servicio de radiodifusión. Una década después, en 1932, arrancaron las emisiones fuera del Reino Unido, se trataba de unir mediante las ondas a aquellos que vivían lejos de la isla, allende los mares, en los territorios que entonces estaban considerados como parte del Imperio Británico, lo que con el tiempo se transformó en la Commonwealth. Aquel mismo año, Jorge V, abuelo de Isabel II y bisabuelo de Carlos III, felicitó por primera vez la Navidad a sus súbditos a través de las ondas, una costumbre que copiaron todas las monarquías europeas.

“Gracias a las maravillas de la ciencia moderna, esta Navidad puedo hablar a todos mis pueblos del Imperio (…) Ahora hablo desde mi hogar y desde el fondo de mi corazón y me dirijo a todos ustedes: a los hombres y mujeres, separados por las nieves, el desierto o el mar, que solo las voces transmitidas por el aire pueden alcanzar”. Veinte millones de personas de todo el mundo escucharon por primera vez la voz del rey, un discurso que le otorgó el sobrenombre de Abuelo Inglaterra y que según el Daily Express fue “la transmisión radial más grande del mundo”.

Al tiempo que la radio crecía, en 1932 la BBC también experimentaba con las emisiones televisivas. No fue hasta el 2 de noviembre de 1936 cuando la compañía comenzó a transmitir programas de televisión de forma regular.

Un siglo después de su nacimiento, la BBC es la envidia y el ejemplo de las televisiones públicas europeas. Es la primera empresa de televisión y radio del Reino Unido, la que produce más noticias a nivel mundial, una de las cadenas de noticias más respetadas del mundo por su independencia de los controles comerciales y políticos ya que opera bajo un estatus real que le garantiza la independencia, esa de la que presume desde su nacimiento.

Si sus inicios fueron claramente amateurs, hoy la compañía trabaja con 40 idiomas diferentes, gestionan ocho canales nacionales de televisión, más de 50 emisoras de radio y la web de noticias más visitada del mundo.

190 euros por tener un televisor

Nada es comparable entre la televisión pública española y la británica. El presupuesto de RTVE para 2022 roza los 900 millones de euros, el de la BBC pivota entre los 4.500 y 5.000 millones; la plantilla pública española ronda los 6.600 empleados y la británica alcanza los 21.281 trabajadores y para rematar las diferencias hay que destacar, negro sobre blanco, la procedencia de la financiación. De momento, en el Reino Unido los ciudadanos pagan un canon de 190 euros al año por tener un televisor en casa, una tasa que forma parte de la financiación de la BBC, justo la que le otorga su tan envidiada independencia política. En España, RTVE nos cuesta a los españolitos 20 euros al año, pero ese dinero no llega directamente de los bolsillos, sino de los Presupuestos Generales del Estado, cuya partida cuenta con 445 millones de euros, el resto de la financiación, según se recoge en la nueva Ley General de Comunicación Audiovisual aprobada en julio de 2022, se realizará a través de la aportación de todos los agentes presentes en el mercado audiovisual que compiten por la misma audiencia, eliminando, por fin, a los operadores de telecomunicaciones e incluyendo a los prestadores del servicio de intercambio de vídeos a través de plataforma.

Fraguada entre guerras

El germen de la BBC se fraguó tras la I Guerra Mundial, pero fue la II Guerra Mundial la que convirtió a la compañía en un medio de comunicación relevante. En plena contienda fue un miembro más del ejército británico, la BBC cooperó con el Ministerio de Defensa para camuflar mensajes en clave en su programación. Durante el desembarco de Normandía, por ejemplo, vía BBC germinaron un millar de actos de sabotaje ferroviario. Al igual que la Marsellesa se convirtió en un cántico de libertad, la BBC floreció como un privilegiado instrumento de influencia global británica que fue reconocido y valorado por todo el mundo.

La BBC ha exportado al mundo y ha convertido en una superproducción insuperable todos los acontecimientos de la familia real británica, desde la boda de Isabel II, su coronación y su fallecimiento, hasta las bodas de sus hijos y de sus nietos, por no hablar de la muerte de Lady Di. Siempre a la última, en 1997 la BBC retransmitió en directo el funeral de la princesa del pueblo a través de su recién estrenada página web.

En estos 100 años, además de rosas, la BBC se ha enfrentado a grandes espinas. La cadena ha sobrevivido a políticos que pretendían controlarla y acabar con su independencia. Tanto Winston Churchill como Margaret Thatcher intentaron dominarla, pero jamás lo lograron. Hubo momentos en los que las cadenas públicas aventajaron en audiencia a la BBC, pero también remontó la amenaza privada.

Superó una grave crisis de credibilidad cuando acusaron a uno de sus presentadores más famosos en la década de los años 70, Jimmy Saville, de presuntos abusos sexuales. La cadena encargó un informe externo para investigar la gestión del escándalo que concluyó que “el nivel de caos y confusión fue mayor de lo que parecía en su momento”. La policía atribuyó 199 delitos a Saville, incluidas 31 acusaciones de violación.

Con permiso de Isabel II, puede que 2020 fuera el annus horribilis de la BBC, tan solo salvado por los datos de audiencia durante el confinamiento. Comenzó con la inesperada dimisión de Tony Hall, director general que se suponía iba a permanecer en el cargo hasta el centenario y continuó el 31 de enero, la noche que el Brexit se hacía realidad. Boris Johnson decidió emitir un comunicado, pero de manera absolutamente inesperada y por primera vez en la historia no tiró de las cámaras de la BBC, no. Para dirigirse a sus compatriotas en uno de los momentos más importantes del país de los últimos casi 50 años, el primer ministro usó sus propias cámaras y emitió a través de sus redes sociales.

La bronca venía de lejos. Nada que ver con los enfrentamientos con Churchill o la Dama de Hierro, la profundidad y el alcance de las tensiones que la BBC mantuvo con el inquilino del Número 10 le llevaron incluso a poner fecha de caducidad al tan codiciado canon británico.

Respetada fuera, cuestionada en casa

El pasado mes de enero, el Gobierno británico anunció que en 2027 pondrá punto y final a la tasa con la que se financia la cadena pública. El ejecutivo liderado por Boris Johnson decidió que en 2022 y en 2023 los espectadores de la BBC abonarán unos 190 euros para poder disfrutar de los programas de la cadena pública, durante los tres años siguientes la tarifa subirá ligeramente y en 2027 será suprimida definitivamente. El impago de la tarifa de licencia podría suponer un coste de 240 millones de euros que obligará a la BBC a realizar grandes cambios.

Lógicamente, el anuncio no sentó muy bien entre los despachos de la BBC puesto que, sin la tasa, la corporación se quedará sin capacidad de informar de manera crítica e independiente. La noticia no llegó por sorpresa. No es que no se lo esperaran. Desde 2010 el actual modelo de financiación del servicio público de radio y televisión británico ha estado sobre la picota de los diferentes gobiernos conservadores. Sus detractores sostienen que es un producto del siglo XX que intenta sobrevivir en el acelerado mundo digital del siglo XXI. Dicen que su modelo operativo está desactualizado y que es inadecuado. Desde luego Johnson, antes de dimitir, le dio la puntilla.

Aunque en el ámbito internacional la cadena es muy respetada, si no la más respetada del mundo, las cosas en casa no se ven igual, especialmente desde las poltronas políticas. Su independencia les pica y mucho, por eso el futuro de la BBC pende de un hilo.