Histórico bis de ‘Va pensiero’ en el regreso de Nabucco al Real

Nabucco en el Teatro Real

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El estreno anoche de Nabucco ha quedado ya inscrito en la historia del coliseo madrileño gracias al bis ofrecido por su Coro Titular de ‘Va pensiero’, en el tercer acto de la ópera, después de cinco minutos de aplausos por parte de un público que no pareció en ningún momento dispuesto a rendirse.

En Nabucco, el coro ocupa un papel primordial tanto desde el punto de vista estructural como dramatúrgico y, por tanto, esta obra era la “ocasión perfecta” para que un gran conjunto coral, como lleva años demostrando ser el Coro Titular del Teatro Real, se alzara finalmente con el más codiciado reconocimiento artístico del exigente mundo de la ópera. Y este martes, ya en la primera función de las 15 que de la famosa obra de Verdi se ofrecerán en la recta final de la presente temporada, llegaba finalmente el anhelado primer bis al coro desde la reapertura del teatro de la Plaza de Oriente en 1997. Preparado, como siempre, por su director Andrés Máspero y dirigido por el otro gran protagonista de la noche, el director de orquesta Nicola Luisotti, el Coro, en imparable crecimiento de su calidad interpretativa tanto vocal como actoral a pesar del innegable incremento de los retos, entonó de forma magistral el célebre Coro de los esclavos que da voz a los oprimidos en el libreto de Temistocle Solera, cuya partitura “devolvió a la vida” a Giuseppe Verdi en sus momentos más aciagos.

Creado en 2010, el Coro Titular del Teatro Real (Coro Intermezzo) se ha ganado con constancia el prestigio nacional e internacional del que goza en la actualidad. Como declaraba hace días Nicola Luisotti, ya inmerso en los últimos ensayos antes del gran día, dirigirlo es garantía de calidad, entrega y trabajo; en definitiva, de óptimo resultado. Así que a pesar de lo extraordinario que resulta siempre un bis, más en una velada de estreno y por añadidura de un coro, el de ‘Va pensiero’ anoche, aunque no pueda llamarse “esperado” - basta que se “espere” un bis para que no se produzca – tampoco sería exagerado decir que llevaba fraguándose mucho tiempo y solo hacía falta una obra como Nabucco, ausente del Real durante los últimos 150 años, para que finalmente ocurriera. Una obra que pone al pueblo, es decir a la interpretación coral, en el centro de partitura y argumento, cuya cúspide está en el bellísimo y potente grito de libertad expresado en ‘Va pensiero’ que, en palabras del maestro italiano que está dirigiendo en Madrid su séptimo título verdiano, no se sabe si es un coro o un aria asignada a un coro.

Desde el foso, la Orquesta Titular del Teatro Real había cumplido también con la solvencia que la vienen caracterizando en los últimos años y que, bajo la batuta de Luisotti, ha bordado una partitura en la que Verdi cambió la orquestación - hasta entonces no había tanto metal -, alternando arias intimas interpretadas por un sexteto de violonchelos con “explosiones” de gran potencia orquestal, eso sí, siempre calculadas. El abrazo de Luisotti y de Máspero sobre el escenario tras la caída del telón escenificaba esa comunión sin la que el coro de esclavos que rompen con el pensamiento sus cadenas, no habría brillado de la forma que lo ha hecho.

Junto a ellos, el aplauso y las exclamaciones de bravo no han dejado de premiar a los impecables y convincentes solistas del primer reparto. Una apoteósica ovación dirigida a la soprano napolitana Anna Pirozzi a cargo del complejo rol de Abigail, convertida ya en una de las mejores sopranos dramáticas de la actualidad en este repertorio, así como al barítono, también italiano, Luca Salsi, sin duda uno de los más importantes actualmente en su cuerda, esplendido anoche dando voz y vida a un personaje tan lleno de matices y reconversiones como Nabucco. Premiados igualmente con merecida generosidad estuvieron la mezzosoprano española Silvia Tro Santafé, en el papel de Fenena, la “otra” hija del rey, el tenor estadounidense Michael Fabiano, siempre bienvenido en las ya numerosas ocasiones que se ha subido a las tablas del teatro madrileño y el bajo ucraniano Dmitry Belosselskiy, metiéndose con pericia y rotundidad en la piel de Zaccaria.

El “pero” a una velada para guardar en la memoria – es habitual que lo haya – procedía anoche, una vez más, del capítulo correspondiente a la escena. El regista alemán Andreas Homoki, en su debut en el Teatro Real, se llevaba el abucheo, no unánime, de un público que parecía menos “clemente” que en otras ocasiones. Quizás porque igual que siempre hay algún “pero”, suele llegar un momento en el que también acaba habiendo un “límite”. La propuesta de Homoki, en principio sugestiva e interesante, que traslada el conflicto entre judíos y babilonios en el siglo VI a.C. al Risorgimento, momento del estreno de la ópera y época políticamente convulsa en una Italia dividida y enfrentada a los austríacos adolece, por desgracia, de una incomprensible falta de cimientos que provoca el inevitable derrumbamiento de la dramaturgia, salvo en contadas y fugaces ocasiones. Porque poco importa para el éxito de una puesta en escena que la trama se traslade de época o de lugar, siempre y cuando sirva para proponer un acercamiento distinto a la obra y se encare con un claro propósito que otorgue sentido al entero conjunto. Sin embargo, cuando de continuo parece confundirse acción con movimiento, para colmo convencionalmente errático, y se llame escenografía “conceptualmente minimalista” al escenario circular de Wolfgang Gussmann, dominado por un mastodóntico bloque de malaquita verde que gira o se desplaza de atrás a delante sin más referencias escenográficas, el resultado puede ser imperdonable. Lastra la representación. En definitiva, en lugar de aportar, estorba.

Sin embargo, el balance sigue siendo muy positivo para este Nabucco con dirección musical de Nicola Luisotti en una nueva producción del Teatro Real y la Ópera de Zúrich, donde se estrenó en 2019. Para saber si habrá más ocasiones de vivir el lujo de un bis del Coro Titular quedan aún 14 funciones, hasta el 22 de julio. Por otra parte, coincidiendo, con el Día Internacional de la Ópera, el coliseo madrileño instalará dos pantallas gigantes en la Plaza de Isabel II para que, una vez más y como venía siendo habitual antes de la pandemia, la ópera salga a la calle y llegue al mayor número de personas. Dos días, 14 y 15 de julio, en los que cualquiera podrá disfrutar del gran clásico que convirtió a Giuseppe Verdi en héroe nacional y a su ‘Va pensiero’ en el himno no oficial del país transalpino.

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