TEATRO

Cuando la gran literatura se pone a trabajar con un gran actor

Vuelve ‘La Lluvia amarilla’, de Julio Llamazares, al teatro Quique San Francisco de Madrid con Ricardo Joven de protagonista

Cuando la gran literatura se pone a trabajar con un gran actor

TEATRO QUIQUE SAN FRANCISCORicardo Joven protagoniza 'La lluvia amarilla'.

Cuando la gran literatura se pone a trabajar con un gran actor surge la extraña magia y se establece esa nube milagrosa, que conecta al espectador con el mundo evaporado de las palabras. Pasamos a través del espejo y ahí, en un lugar prodigioso, hablamos desde el silencio.

Ricardo Joven es Andrés, el último habitante de Anielle, pueblo abandonado del Pirineo aragonés, y es su conmovedor monólogo quien va relatando el final de un mundo y su propio final, tal vez el final de nuestras memorias más cercanas, esas que eran la voz de nuestras infancias y de nuestros abuelos y abuelas. Esa memoria que se ha quedado castigada en eso que ahora damos en llamar “la España vaciada” y que empezó a ser ya bien entrados en la década de los años 60.

El texto de Julio Llamazares, publicado en 1988, es tan bello y conmovedor que pone voz a nuestras propias vidas, a los de nuestros ancestros que vivían del campo y que hemos ido olvidando a merced de la prisa que nos arrogan las ciudades bulliciosas e irreverentes que habitamos. Es una voz desgarradora la que escuchamos, que es como un eco que taladra nuestras conciencias. Es Andrés en el cuerpo de Ricardo Joven ese actor hecho en el teatro y sostenido por ese eco que da el tiempo, la sensibilidad y la experiencia. Es la voz de esa España, la que hemos vaciado, cargada de vidas y de esperanzas que fueron luego desarraigo y tragedia.

Joven, que es también un reconocido dramaturgo, empezó su carrera profesional en el mítico Teatro de la Ribera y ha trabajado con directores tan reconocidos como: Fernando Fernán Gómez, Joan Ollé, Carlos Martín, Chirstophe Lidon, Carlos Aladro con El pato salvaje y Alberto Carrillo Ferrer, entre otros. Actualmente, también se le puede ver los lunes con Almacenados, en el teatro Reina Victoria una obra muy muy recomendable que dirige Gabriel Olivares. Su trabajo ha dado la vuelta el mundo interpretando en numerosos festivales internacionales y recopilando diversos premios y reconocimientos, el último por su interpretación de Andrés en La lluvia amarilla: Premio a la mejor interpretación masculina XXV Certamen nacional de teatro Garnacha de Rioja.

Me detengo en esa trayectoria incansable, la de aquellos que han decidido ser actores pese al frío y la transparencia que el teatro puede dedicar. Actores que aún enmudecen ante los aplausos de un público que no les pide autógrafos y rara vez los solicita a la salida, esas gentes silenciosas que van creciendo en ese espacio donde conviven autores e intérpretes que van dando forma a la vida. Los actores y actrices que leen y que crecen con su público, que son magos y que con las palabras juegan comprometidos para el resto de sus vidas con el verbo. Los que se alimentan de papeles secundarios y terciarios o un día son los y las protagonistas, y siempre se esfuerzan. Sin reblar ni un momento, dando lo mejor de sí mismos en cada papel. Los grandes actores de teatro, el actor de teatro, ese es Ricardo Joven.

Andrés versus Joven va recordando a los que un día fueron pueblo, es el único habitante de Anielle, y esperando la muerte se van sucediendo sus fantasmas y su soledad, habla y recuerda “sobre el musgo que cubre la historia” como una metáfora de las despedidas. Vuela el recuerdo de lo que hemos sido y de lo que nuestros hijos no podrán recordar pero que tarde o temprano conocerán: la soledad y finalmente el olvido, pues estamos condenados a saber del paso del tiempo. El hijo se ha ido y Sabina, su mujer, se suicidó abrumada por el dolor del ya no ser. Andrés de Casa Sosas desaparece tras cada palabra leal hasta el final. Tosco y duro pero esencialmente, humano. Nos va calando en la piel. Ricardo Joven tan rico en matices y experiencias está soberbio en su interpretación, algo a lo que   ya nos tiene acostumbrados este actor que simplemente, quiso ser actor un día.

La sala escucha contenida. Es reto difícil enfrentarse a un texto tan espléndido y rico como es el escrito de Llamazares, al que se echa de menos en el estrecho callejón de la literatura. Fiel a la novela, Arbués dirige con mano firme y sensible el vocal paseo por Anielle, que el escritor cuenta en La lluvia amarilla.

A dos voces, austeros y vestidos de negro, Ricardo Joven acompañado por Alicia Mostequiu, impecable actriz, hilván con el canto bondadoso y nostálgico de la voz del amigo Labordeta, van cosiendo el texto sobre la tabla mientras los que escuchamos sentimos un nudo en la garganta.

“Día a día, en efecto a partir de aquella noche junto al río, la lluvia ha ido anegando mi memoria y tiñendo mi mirada de amarillo. No sólo la mirada. Las montañas también. Y las casas. Y el cielo. Y los recuerdos que, de ellos, aún siguen suspendidos. (…) Todo a mi alrededor se ha ido tiñendo de amarillo como si la mirada no fuera más que la memoria del paisaje y el paisaje un simple espejo de mí mismo”.

No pierdan la ocasión de encontrarse con un gran actor enfrentado a un texto tan contenido como bellísimo. No siempre los maridajes se dan la mano sobre un escenario. Aquí están Joven y Llamazares frente a nosotros, solos con las palabras, que se han vestido de negro para filtrar el amarillo que va tiñendo la mirada de lo que fuimos y ahora somos.


‘La Lluvia amarilla’ estará en cártel hasta el próximo 5 de febrero en el Teatro Quique San Francisco de Madrid

Teresa Agustín es poeta