Nos anuncian dolor

Nadia Calviño y Patxi López para abordar la adenda al Plan de Recuperación

EFEEncuentro entre Nadia Calviño y Patxi López para abordar la adenda al Plan de Recuperación

Se va, por fin, este verano agobiante de calor y cargado de malos augurios. Resulta casi imposible disfrutar del descanso estival cuando tienes la certeza de que el futuro inmediato se presenta tan oscuro. No hemos podido vivir, ni siquiera unos días, tranquilos y despreocupados y no solo por los anuncios permanentes sobre un otoño lleno de dificultades sino, sobre todo, por la comprobación cotidiana, al ir a la compra, poner gasolina, pagar la hipoteca o presupuestar la vuelta al cole, de la enorme subida de los precios.

La inflación es uno de los procesos económicos al que más temen los expertos y los gobiernos - y con razón -. La subida continuada de los precios de casi todos los productos y la pérdida de valor del dinero para adquirirlos, golpea directamente al conjunto de la población, dañando particularmente a las familias y las personas con menos recursos.

Los bancos centrales y los expertos en política fiscal y monetaria conocen con anticipación lo que va a suceder en los próximos meses ya que pueden medir baremos adelantados sobre el comportamiento de la economía. Esa es la razón por la que han comenzado a proyectar soluciones para lo que denominan “enfriar la economía”. La idea es tratar de apagar el fuego antes de que se propague el incendio. Y el problema radica en calcular la dosis de enfriamiento evitando el riesgo de que se frene el crecimiento hasta el punto de producir una recesión.

Toda la publicidad anticipatoria sobre las dificultades que van a atravesar las familias o la clase media y trabajadora (en palabras del gobierno) tiene su origen en esta escalada inflacionaria. Muchos creyeron que se trataba de un fenómeno pasajero y de baja intensidad pero, lo cierto, es que se ha disparado forzando a los responsables políticos a adoptar medidas que tratan de suavizar el impacto en los ciudadanos.

Enfriar la economía sin dejar a la intemperie a las personas más vulnerables es lo que, sin duda, se debe hacer. Pero aunque todos vayamos a sufrir, las medidas paliativas deben ser casi quirúrgicas para evitar el efecto de mantener alta la dosis de inflación.

Ha llegado, por lo tanto, momento de que se sienten todos: gobierno, grupos parlamentarios, sindicatos y empresarios a elaborar una hoja de ruta acordada que nos conduzca a una salida razonable del atolladero de esta crisis. Un pacto de rentas junto a un programa económico y social que comprometa al conjunto de los gobiernos y de las instituciones, es la única receta realista para mitigar los daños que nos acechan y no perjudicar el crecimiento económico del país.

No se me ocurre una circunstancia mejor para que los responsables políticos demuestren su capacidad de liderazgo y su interés honesto por los ciudadanos. Todo aquél que trate de sacar ventaja, en un sentido u otro, de un tiempo tan incierto demostrará su falta de talla y se alejará - todavía más, si cabe - de las inquietudes de “la gente”. Mientras las madres hacen cuentas por la noche para ver cómo conseguir sostener la economía familiar, escuchar de los líderes políticos peleas estériles resulta casi obsceno y es irritante.

Han sido años muy duros. Tras salir de la pandemia existía la expectativa de unos años de crecimiento y de mayor bienestar. Pero todas las esperanzas se han frustrado por la intolerable agresión de Rusia contra Ucrania y el fuerte aumento del coste de la energía y todos sus derivados. Ni España, ni la Unión Europea, ni el mundo en general, estaban preparados para un golpe tan brutal. La apuesta de las democracias occidentales era, hasta este momento, una ineludible agenda ecológica que ya estamos aplazando - si no rectificando -. A nuestro alrededor se ha instalado una dinámica hostil, las relaciones internacionales se han vuelto ásperas y nadie sabe hasta dónde va a llevarnos este gran terremoto geopolítico. Razón de más para tejer acuerdos a través de una conversación política franca y de mirada larga.

Nos anuncian sufrimiento y dolor pero sería más soportable si lo enfrentamos en un clima de sosiego y de empatía a través de un diálogo constructivo y sin trucos electorales. Estoy convencida de que ese es el verdadero mandato de la mayoría de la sociedad española.