La violación como arma de guerra

Imagen de Médicos Sin Fronteras

Médicos Sin FronterasImagen de Médicos Sin Fronteras

Hospital de Panzi, Bukavu, República Democrática del Congo. Un hombretón de grandes manos color chocolate, vestido con una bata blanca inmaculada, pasea entre las humildes edificaciones de su hospital con los ojos cansados y la mirada tierna. Centenares de mujeres y niñas acuden a su encuentro para besarle las manos, susurrarle tímidamente algo, mostrarle a sus bebés, ofrecerle una flor o pedirle un abrazo. Denis Mukwege, congoleño, cirujano y activista, les sonríe a todas con un cariño de otro mundo; conoce todos sus nombres y también sus cuerpos que ha reparado con precisión en su precario quirófano de Panzi.

Desde hace 20 años Mukwege sana el cuerpo y el alma de las mujeres que han sido violadas por los grupos armados en su golpeado país. Durante este tiempo ha desarrollado técnicas innovadoras para curar los úteros, vaginas, riñones, vejigas y hasta estómagos y esófagos de las víctimas más pequeñas, también bebés; “destrozos que son insoportables incluso para el ojo de un cirujano” -nos diría él.

Ver al Dr. Mukwege recorrer las instalaciones del hospital es una de las experiencias más impactantes que he tenido el privilegio de vivir. Amor y generosidad humana en estado puro.

Denis Mukwege obtuvo el Premio Nobel de la Paz en el año 2018. Durante la ceremonia afirmó que la violencia sexual en los conflictos armados es un crimen contra la humanidad y, denunció, que sus perpetradores suelen quedar impunes aunque se sepa quiénes son.

Una de las casitas del hospital de Panzi es la dedicada a las “madres”. Como resultado de las violaciones sistemáticas - las más de las veces, grupales - muchas jóvenes quedan embarazadas. La práctica del aborto es casi inaccesible además de ser culturalmente rechazado por las mujeres y sus comunidades. Los bebés que nacen son frecuentemente abandonados o crecen con el estigma de ser hijos del enemigo. El Dr.Mukwege aloja en su hospital a las jóvenes madres violadas y trata de que generen un vínculo de afecto con sus bebés. No todas lo consiguen, los bebés son el fruto del peor trauma que esas mujeres han vivido.

Otra parte del hospital de Panzi está reservada a las mujeres víctimas de fístula -ruptura de la pared entre la vagina y la vejiga y/o el recto que impide a las víctimas retener la orina o las heces-. Viven estigmatizadas, aisladas, repudiadas y avergonzadas. La mayor parte de las veces las lesiones que sufren son consecuencia de la brutalidad con las que han sido forzadas sexualmente, por los asaltantes.

La violación es un arma de guerra muy eficaz que se salda con una gran victoria sobre el enemigo sin necesidad de correr ningún riesgo, ni de disponer de armamento sofisticado o tácticas complejas. Ocupar por la fuerza el cuerpo de las mujeres equivale a ocupar el territorio en disputa, a destrozar el honor del adversario y a causar un daño que durará generaciones. Los vientres de las mujeres se convierten en impuros; nacerán niños de la etnia del adversario o de su religión o nacionalidad; una forma fácil de colonizar al grupo enemigo.

Desde que el mundo es mundo la violencia sexual es una constante en las guerras y los conflictos armados y, sin embargo, no hemos avanzado nada en la prevención del delito - ni siquiera está bien definido en la legislación internacional - ni en la persecución de los culpables, ni en la reparación de las víctimas. La creencia más extendida es que la violación durante las guerras es un daño colateral más pero lo cierto es que las mujeres son doblemente víctimas: de la guerra y de la violencia sexual sin que se den pasos sólidos hacia el castigo a los culpables.

El silencio y la vergüenza de las víctimas así como la preeminencia masculina en los escenarios bélicos y los grupos armados, ocultan un crimen de lesa humanidad que debería ser perseguido por la ley nacional e internacional.

¿Para cuando una Convención de Naciones Unidas sobre la violencia sexual como arma de guerra? ¿Para cuando un tribunal internacional que juzgue y castigue a los culpables?

Sobre el autor de esta publicación