¡S.O.S niñas!

Anorexia y bulimia

Europa PressAnorexia y bulimia

Esta columna va dedicada a una niña-adolescente a la que adoro y que está sufriendo; a ella y a tantas otras a las que querríamos salvar del dolor.

La adolescencia es un tiempo de conflicto para casi todos pero para algunas niñas esa transición de la infancia al mundo de los adultos está exclusivamente habitada por la incertidumbre, la ansiedad, la baja autoestima, el miedo, los complejos, y por la impresión de no tener control sobre sus sentimientos ni sobre su imagen. El cuerpo de las niñas está sometido, desde muy pronto, a una enorme presión social, incluyendo la penalización del sobrepeso, la opinión permanente sobre la belleza femenina, etc.

Las adolescentes son muy vulnerables a la publicidad y la propaganda que inundan el espacio audiovisual y las redes sociales y que suelen proponer un modelo de mujer joven casi perfecta; alta, bella y delgada. La búsqueda de la permanente aprobación del círculo próximo a través de los “like”, la carrera imposible para parecerse a las figuras femeninas más valoradas - e irreales - a una edad en la que aún está por construir el espíritu crítico está causando grandes dosis de frustración entre nuestros adolescentes, tanto varones como mujeres. En edades tempranas el acceso a las redes sociales debería ir acompañado de una pedagogía desmitificadora de sus contenidos, en el propio currículum escolar.

Según los estudios más recientes, 6 de cada 10 chicas afirman que serían más felices si estuvieran más delgadas y el 70% de las adolescentes no se siente bien con su cuerpo.

En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son las niñas y las adolescentes la población diana. Las enfermedades biopsicosociales como la anorexia, la bulimia o los trastornos de la alimentación no especificados, tienen raíces diversas y multifactoriales y no hay consenso entre los especialistas sobre cómo interactúan los distintos elementos en un proceso tan complejo. La primera de las conclusiones a la que llegamos cuando nos acercamos a la realidad del TCA es que es necesaria mucha más investigación que permita conocer mejor el fenómeno.

El 90% de las personas afectadas por TCA son mujeres y, entre la población más joven, la proporción es de sólo 1 chico por cada 9 chicas que padece la enfermedad. En España 1 de cada 20 mujeres entre 12 y 21 años tiene problemas con la alimentación, según la Asociación contra la Anorexia y la Bulimia.

Si bien los trastornos alimentarios no son nuevos, sí lo es el incremento de su incidencia. La crisis sanitaria que ha supuesto la pandemia ha agravado los estados de ansiedad y de incertidumbre que acompañan a la adolescencia. Por eso los profesionales de la salud mental hablan de un efecto devastador de la COVID-19 sobre nuestros jóvenes y su estabilidad psicológica. Probablemente aún sea pronto para medir los efectos negativos de la pandemia tales como el aislamiento, el uso de las mascarillas, el miedo, las muertes de seres queridos, etc. Pero sí sabemos que, tras estos dos años tan difíciles, los trastornos de la conducta alimentaria han crecido y empiezan a afectar a niñas cada vez más pequeñas: 9, 10 y 11 años.

Los servicios de salud mental especializados confirman estar absolutamente desbordados por la demanda de familias buscando ayuda y tratamiento para sus hijas. La intervención precoz, según los profesionales, es clave para curar la enfermedad y, sin embargo, cientos de niñas no pueden ser atendidas debidamente por falta de recursos públicos o por la saturación de los pocos que existen. La segunda conclusión es que es urgente crear unidades especializadas en TCA si no queremos que esta realidad se convierta en una auténtica bomba de relojería para nuestras jóvenes.

A estas horas hay muchos padres y madres angustiados por lo que ven en sus hijas, y no saben cómo abordar los cambios de humor, la obsesión por la alimentación y la tristeza que ven en ellas. Otras familias, desgraciadamente, ni siquiera son conscientes del problema con el que conviven sus niñas.

Asociaciones, expertos sicólogos y siquiatras, educadores sociales y las propias víctimas están lanzando un S.O.S que los políticos y responsables públicos no escuchan.

La querida niña adolescente para quien escribo estas líneas y todas las demás que sufren en silencio - a veces escondidas de todos- tienen por delante una vida llena de posibilidades siempre que logremos sacarlas del túnel de la anorexia. Puede lograrse y debe hacerse. Abandonarlas a su suerte sería, sencillamente, una indecencia.