Padres que asesinan
(En el año 2021, 7 menores fueron asesinados y 30 quedaron huérfanos víctimas del machismo criminal)
Es, seguramente, imposible pero si hubiera una manera de medir el sufrimiento humano, en el máximo grado del dolor se situaría el que produce la muerte de tus hijos asesinados por su padre. Que el hombre con el que decidiste ser madre acabe con la vida de tus niños, es la peor de las condenas.
Han pasado 10 años desde que José Bretón asesinara a Ruth, de ocho años y a José, de dos. Como venganza, ante la decisión de divorciarse manifestada por su mujer Ruth Ortiz, Bretón mató a sus hijos y calcinó sus cuerpecitos en una macabra pira funeraria. El móvil del crimen no era otro que el de destruir a su mujer a través del más cruel de los actos que un padre pueda perpetrar, acabar con sus propios hijos. Bretón fue absuelto del delito de violencia de género a pesar de que, además de los niños, la madre era, sin duda, una de las víctimas principales de su crimen.
“Ya es tarde para mi. Es tarde, sobre todo, para Nerea y Martina, irremediablemente”, así se manifestaba Itziar Prats en septiembre de 2018. Su marido y padre de las niñas de 6 y 2 años las asesinó y luego, se suicidó. La madre había solicitado, reiteradamente, medidas de protección ante las constantes amenazas de su ex marido, del que se estaba divorciando, en las que este aseguraba que mataría a las niñas. El sistema falló estrepitosamente y las menores quedaron desprotegidas ante un padre asesino. En el caso de Itziar tampoco fue posible aplicar la ley de violencia de género.
Hoy, 10 años después del crimen de Bretón, las cosas han cambiado. A partir de ahora, y gracias a la Ley de Protección a la infancia y la adolescencia contra la violencia (LO 8/2021), se incorpora un nuevo supuesto protegido en la Ley contra la violencia de género (LO 1/2004) al reconocer cómo víctimas con los mismos derechos que el resto de víctimas de violencia machista a las madres cuyos hijos mueren a manos de sus parejas o ex parejas. Es un paso muy importante.
Las feministas llevamos mucho tiempo afirmando que un maltratador nunca puede ser un buen padre. Avanzar en esa idea tan sencilla cuesta mucho trabajo porque estamos tocando la médula de la cultura patriarcal y la sacrosanta patria potestad. Hasta hoy mismo, se considera que el padre puede maltratar a la madre e incluso acabar con su vida sin que ello tenga por qué condicionar su papel de progenitor ni limitar los derechos sobre sus hijos. Así, nos encontramos con hombres que han matado a sus mujeres y siguen recibiendo la visita resignada de sus hijos en la cárcel y no son, ni mucho menos, casos aislados. La Fiscalía contra la violencia de género está interviniendo para que se elimine el régimen de visitas a los maltratadores, tanto a los que están en régimen preventivo como a los que están en fase de cumplimiento de condena, (tal y como establece la reforma de la LO 8/21 arriba mencionada). Hemos escuchado argumentos a favor de que se mantenga el vínculo de los hijos con el padre encarcelado sobre la base de lo positivo que ello supone para la reinserción del homicida.
Afortunadamente y tras muchas batallas, desde hace unos años, se reflexiona y se legisla en favor del interés de los menores huérfanos o amenazados por el maltratador de su madre. Los niños y las niñas que conviven con la violencia ya son víctimas de un desarrollo afectivo y cognitivo desastroso. Corresponde a los poderes públicos protegerles cuando sus madres no puede hacerlo. Menores amenazados, asesinados o privados para siempre de su progenitora deben ser la prioridad de un Estado decente y eficaz. Ellos son las víctimas más vulnerables, las que sufren con miedo y en silencio sin ninguna posibilidad de defenderse.
No; un maltratador no es un buen padre y por eso, hay que escuchar a las mujeres cuando alertan sobre el peligro de las custodias compartidas o de las visitas a los progenitores violentos.
Hablamos de hombres dispuestos a acabar con la vida de sus parejas o ex parejas, de padres capaces de matar a sus hijos para producir el máximo dolor que puede soportar una madre.
La violencia contra las mujeres es estructural y tiene múltiples caras. Debemos combatirlas todas. Los niños y las niñas no pueden seguir siendo las víctimas olvidadas.